Viendo trenes pasar

22 04 2009

No me gustan demasiado las series de televisión que pretenden ser “reales como la vida misma”. Suelen tener cierto fondo moralizante disfrazado de naturalidad aplastante que me parece detestable.

En las últimas semanas, sin embargo, he visto un par de capítulos sueltos de la serie de Antena 3 que cerraba temporada el pasado domingo: “Doctor Mateo” y le reconozco cierto encanto. El paraje natural en que se desarrolla (una apuesta arriesgada para la producción) es algo que yo agradezco infinitamente, esas casitas abigarradas en calles empinadas, el mar y las verdes colinas…

También me agrada la interpretación directa y poco afectada de sus protagonistas, desde el papel serio, un poco envarado, pero ingenuo y quizá hasta idealista de Gonzalo de Castro, hasta la seductora candidez de María Esteve.

Por otro lado, la ficción que relata no es demasiado pretenciosa y me parece centrada más en los personajes individualmente que en una serie de conflictos sociales.

gare

En el último capítulo, Mateo reprochaba a su tía (de unos cincuenta y largos) el haberse liado con un tipo más joven, a lo que ésta respondía con cierta frescura, que mejor arriesgarse un poco, que vivir la vida como él, dejando los trenes pasar.

Me sentí identificado con el doctor, como si la crítica me la hiceran a mí. También yo soy de los que dejan los trenes pasar. A veces pienso que me llevarán a un lugar equivocado por un camino irreversible, otras, no tengo idea alguna de adónde conducen y mi propia cobardía me impide tomarlos. Incluso hay ocasiones en las que soy incapaz de ver que hay un tren esperando y sólo me doy cuenta cuando es ya demasiado tarde y hace mucho que partió.

Pero hace tiempo que tengo la sensación de estar melancólicamente sentado en un banco de la estación, observando al resto de los viajeros en su tránsito, como suben y bajan de los vagones, unas veces tristes y otras alegres, mientras yo espero y espero el anuncio de un tren que no sé si ha de venir.





El Árbol de la Ciencia

20 04 2009

Acabo de terminar de leer esta novela de Pío Baroja. Me ha dejado un sabor amargo, entiendo que pretendido. Es profundamente existencialista y de un pesimismo vital abrumador. En ella se retrata con crudeza la sociedad española de finales del XIX: las familias, los barrios, los entornos laborales, la vida urbana y también la rural; se habla de mezquindad y egoísmo, de miserias y pobrezas, tanto materiales como humanas.

Al conocer que es en gran parte autobiográfica no he podido evitar sentir cierta pena por el autor. No quiero que se me malinterprete, no es una compasión de esas que miran con aires de superioridad, es tristeza real por alguien que parece buscar la verdad con la intención de forjarse una actitud ante la vida y sólo encuentra ese terrible determinismo: “la naturaleza hace al esclavo y le da espíritu de esclavo”. También me duele el hastío que destila desde el comienzo, esa predisposición a la amargura y a la renuncia, esa especie de prejuicio hacia la consecución no digo ya de la felicidad sino casi de cualquier pequeño destello de alegría.

Mi manera de pensar y de enfocar la vida no se parecen mucho a las del ficticio Andrés Hurtado, pero sí he de reconocer que suelo filtrar la realidad con cierto pesimismo pragmático y me aterra pensar que quizá algún día pueda dejarme llevar hacia ese abismo de decepción en el que  todo está ya perdido de antemano y para siempre.





Rosas en la basura

17 04 2009

Hace un par de días, cuando abrí la tapa del cubo que usamos en casa para los desperdicios con la intención de arrojar una cáscara de plátano, me sorprendió la visión de dos rosas secas.

Ambas se encontraban boca abajo, con el tallo apoyado en una de las paredes del cubo. Conservaban cierta petulancia, tan natural en las rosas, en un vano intento de mantener la dignidad perdida, mirando por encima del hombro a una bolsa vacía de obleas para empanadillas y a algunas cáscaras de pepino. Varias ideas vinieron a mi mente.

Me acordé de la rosa de Saint-Exupéry, la amiga del Principito, arrogante, segura de sí misma, pero a su vez con unos sentimientos que no sabe expresar sino de manera afectada que con frecuencia hace sentir mal al Principito. Cuando él decide partir, las disculpas de la flor no lo disuaden, tampoco ella lo pretende, es demasiado tarde. Simplemente, no se puede prestar tanta atención a una única flor cuando uno tiene la inteción de explorar el universo.

También pensé en cuántas veces desechamos algo porque no es perfecto, porque no es lo que esperamos, porque sale de los cánones de belleza o utilidad estándar. Más triste me parece cuando nos rechazamos a nosotros mismos o a los demás por no encajar en ese patrón de lo social o personalmente requerido de antemano. Y me pregunté cuántos pensamientos y sentimientos se encontrarán olvidados en lo profundo de nosotros, descomponiéndose melancólicamente como aquellas rosas en la basura.





Algunos experimentos

13 04 2009

Nunca he obtenido buenos resultados haciendo fotografías en condiciones medianamente adversas. Mi pulso es bastante malo y produce fotos especialmente movidas con tiempos de exposición superiores a la décima de segundo. Tampoco me gusta utilizar sensibilidades por encima de 100 (iso) porque me parece que el ruido estropea mucho las fotos (desde el punto de vista estético). Nunca he adquirido la habilidad para estimar los parámetros de obturador correctos ante una “situación lumínica” real.

Como tengo cierto interés en aprender, me resisto al modo automático y sigo haciendo decenas de fotografías que sirven para más bien poco cada vez que saco la cámara. El miércoles pasado me di una vuelta por el centro de la ciudad, en pleno apogeo procesional y disparé algunas de esas instántaneas inservibles. Para no enviarlas directamente a la papelera de reciclaje, decidí hacer pruebas con los filtros de ajuste y efectos de Photoshop. Es un recurso de fotográfo mediocre, lo reconozco. He aquí algunos resultados.

Esta foto no tiene manipulación alguna, mi intención era desenfocar la vela (el efecto de la llama no está mal) y enfocar al niño, pero no paraba de moverse y no había demasiada luz. Creo que no hay nada realmente enfocado en esta foto.

Tampoco está retocada. Fue tomada apoyando la cámara entre el suelo y mi zapato (para mantenerla firme y con cierto ángulo).

Ligeramente desenfocada, probé varios efectos más o menos rocambolescos y me quedé con este: “color diluido”.

El original no tenía ningún defecto especial, salvo que quizá el reflejo no está muy conseguido. El efecto es “bordes añadidos” y me gusta como marca el reflejo deforme del edificio o el del propio músico. No me gusta que la pareja que se encontraba a mi derecha aparezca tan en “primer plano”, hubiese preferido un efecto más de “multitud”.

Visiblemente desenfocada y movida. Este filtro de espátula difumina los bordes y crea un efecto de pseudoimpresionismo. Me gusta como quedan los bordados del manto y las flores del primer plano.

Demasiado oscura y sin un motivo claro. La torre de la catedral atraía toda la atención. El filtro aplicado es “lápiz de color”, la torre sigue siendo importante, pero los otros edificios, los árboles, el gentío se vuelven más notables.

Un retazo de una foto mucho mayor parecida a la segunda de la serie. De una columna colgaba un marco con el relieve que representa la decimocuarta estación del Via Crucis. Centré el motivo y apliqué el filtro “tiza y carboncillo”.

Si hacéis click en cada foto podéis acceder a una versión mayor en la que se aprecian mejor los efectos.





Me gusta conducir

18 03 2009

Y también me gusta BMW, he de reconocer que su publicidad es una de las pocas que a veces tiene algún efecto positivo en mí. Pero no quería hablar de eso.

Esta tarde hice un recorrido bastante desagradable al volante. Bajaba del Puerto de la Torre cuando encontré un vehículo cambiando el sentido de la marcha en una especie de cruce triangular bastante comprometido. Más adelante un par de conductores creyeron tener alguna preferencia especial y se saltaron el semáforo de la incorporación a Lope de Vega desde Teatinos aprovechando el ritmo lento de los carriles de la avenida. Ritmo lento, provocado en parte porque la mayoría de los que desean salir a la autovía ocupan ambos carriles bloqueando el paso a los que pretendemos seguir hacia Carlos Haya (normalmente con tráfico fluido).

Más allá, entre la rotonda de Las Chapas y Eugenio Gross hay un estrechamiento del carril izquierdo por culpa de algún tipo de obra y la persona que circulaba a mi izquierda debía estar pensando en la antinomia filosófica de lo uno y lo múltiple porque ha dado un volantazo al entrar en esa zona que ha estado a punto de provocar un modelado postmoderno en el chasis de mi coche.

Ya en el centro, el curce de Carretería, Ollerías y Méndez Núñez era una especie de subasta en la que el más violento ganaba el paso sin importar lo más mínimo los colores de los semáforos. Por supuesto, no ha faltado cierta ración de peatones suicidas de esos que tienen alguna patología óptica desconocida que les hace ver bandas blancas pintadas en cualquier lugar del asfalto. Al menos la vuelta a casa fue algo más tranquila…

Me gustaría conducir de verdad, hacer un viaje arbitrariamente largo. Un viaje de ruta y destino inciertos. Un viaje que comenzaría, quizá, hacia el levante español: Valencia y Barcelona.  No sería mala idea continuar hacia la costa azul, Montpellier, Marsella, Niza. Con pequeñas incursiones a lugares del interior que siempre deseé visitar como Carcasona o Avignon.  Y con Mónaco dejar la costa atrás para internarme en los Alpes y bajar desde Turín hasta Venecia pasando por Milán, Verona y Padua. Y luego ese extraño rinconcito del Norte de Italia que es Trieste, puerta de esa Europa oriental tan desconocida para mí. Supongo que Zagreb y Budapest serían las siguientes paradas ¿sería atrevido adentrarse en Rumanía?  No podría evitar llegar a Odesa, a orillas del Mar Negro, y seguir por antigua unión soviética hasta Kiev y finalmente Moscú y San Petersburgo.

Y la vuelta… ¡Hay tantas opciones! ¿Quién se apunta?





Ho paura di…

16 03 2009

Fueron las palabras que escribió mi profesora de italiano en google durante una clase de la semana pasada para mostrarnos algunos ejemplos de la expresión. Supongo que insistió para mostrarnos que no existe la estructura con la preposición “a”. El resultado fue sorprendente.

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Para ser un poco más riguroso, he buscado también “ho paura de” porque la preposición “di” es articulada y sufre cambios morfológicos según el género y el número del artículo que siga (y aún se escapan algunos casos).

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No me extrañó que el miedo más frecuente es el miedo a morir (”di morire” y “della morte”), pero sí que el miedo a uno mismo sea casí tan mencionado como el anterior y no muy por debajo en número de resultados está el miedo a amar… Siguen el miedo al futuro (también dentro de lo esperado) y el miedo a hacer el amor, otra sorpresa. Detrás van el miedo a la oscuridad (un clásico) y el miedo a la vida, supongo que es una combinación del miedo a uno mismo, el miedo al futuro y quizá el miedo a la muerte. Me llaman también la atención el miedo a las mujeres y el miedo a enloquecer (no pude evitar pensar en algunos personajes de Poe y Lovecraft).

Tras hacer algunos comentarios, la profesora pidió que dijésemos (en italiano, claro) algo de lo que tuviésemos miedo y yo respondí casi de inmediato: “Ho paura di perdere i miei amici”. Movió la cabeza aprobando mi respuesta y tras unos instantes (supongo que se fijó primero en que la estructura fuese correcta y luego asimiló el significado de lo que había dicho) me preguntó: “Ma perchè hai paura di perdere i tuoi amici?”. Yo me encogí de hombros pensativo y respondí: “no lo sé, es lo primero que se me ha venido a la cabeza”.





EpC

11 03 2009

En los dos últimos días he comenzado a entender un poco a esas mentes preclaras de la pedagogía responsables de la asignatura denominada  ”Educación para la Ciudadanía”. 

Ayer me encontraba en mi recorrido habitual de los lunes entre las 19.30 y las 20.00 cuando, mientras caminaba por la Avenida de la Aurora se me acerca una mujer de mediana edad y me interpela diciendo: ¡¡oiga, oiga!! El tono no era fuerte, pero sí autoritario como el que imagino que Catalina la Grande, zarina de todas las Rusias, hubiese empleado con un criado de palacio. “¿Dónde está la parada del autobus?” Continuó, dejándome aún más perplejo. “Me refiero a la estación de autobuses”. Entonces le expliqué cómo llegar y sé marchó asintiendo con la cabeza, pero sin dar las gracias de una manera explícita. Curioso incidente, pero tampoco le di más importancia.

Esta mañana se ha repetido una historia parecida con un hombre joven con acento sudamericano que me ha asaltado frente a mi casa con un “hola. ¿La parada del quince?”. Al menos éste sí dio las gracias cuando le indiqué.

Y es que los que hemos estudiado con otras leyes de educación. No hemos tenido la gran suerte de contar con nadie que nos enseñe a disculparnos, pedir las cosas por favor y dar las gracias…. ¿O sí?





Siempre tarde

10 03 2009

Nunca me he considerado una persona con grandes habilidades sociales, sino más bien lo contrario: mis reacciones suelen ser lentas e inadecuadas y mi inteligencia emocional bastante limitada.

Hoy sentí la recurrente frustración de encontrar la réplica justa, la “palabra exacta” , varias horas después de que la conversación correspondiente tuviese lugar. No es la primera vez ni será la última, pero desagrada no tener esa “rapidez mental” que permite expresar lo que siento, poner a alguien en su sitio o, simplemente, decir lo que es necesario en el instante propicio.

No suele haber segundas oportunidades. Si no pronunciaste aquellas palabras cuando debías, has perdido casi con total seguridad la ocasión de hacerlo en ningún otro momento. Por eso me da tanta rabia que esos segundos cruciales me sorprendan siempre con cara de estúpido y que los escasos destellos de lucidez lleguen sistemáticamente tarde, siempre tarde.





Talitha, qum!

24 02 2009

… que significa: “niña, a ti te hablo, levántate”.

Son las palabras que Jesús dirigió a la hija de Jairo para devolverla a la vida. Yo no tengo tal poder (mi fe debe ser decenas de órdenes de magnitud menor que la de un grano de mostaza), pero tampoco tengo tal pretensión.

De momento sólo me gustaría retomar el blog, insuflarle un poco de mi escaso aliento y compartir con quien quiera leerlo alguna idea fragmentaria y seguro que un tanto absurda de las que pasan por mi cabeza.





Desconocidos Habituales

7 12 2008

Un post de Maite en odioinfinito me ha recordado esta canción de Pasión Vega, no es de las mejores, pero el tema me llega bastante y siempre es agradable escuchar su voz.