Hace algunos días me sorprendí a mí mismo observando a una completa desconocida: una chica alta y esbelta, tenía un aspecto un tanto descuidado, pero en ella se intuía cierta elegancia. Aunque no era de una belleza llamativa sí me fijé en su largo cuello de pálida piel como el de una madonna del renacimiento. Por algún motivo, no pude evitar pensar en el conocido soneto de Garcilaso de la Vega que da título a esta entrada.
En tanto que de rosa y azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
enciende al corazón y lo refrena;
y en tanto que el cabello, que en la vena
del oro se escogió, con vuelo presto,
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena;
coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto, antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.
Marchitará la rosa el viento helado,
todo lo mudará la edad ligera,
por no hacer mudanza en su costumbre.
Al menos así lo puede leer cualquiera en edición del libro “Sonetos” disponible en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Sin embargo, mientras escuchaba la interpretación (de Música Ficta) de una de las villanescas espirituales compuestas por Francisco Guerrero en el siglo XVI que tiene por letra ese texto de Garcilaso me di cuenta de que había ligeros cambios. Investigando un poco, confirmé que es una variación un poco menos profana, probablemente introducida por el propio Guerrero, pero con la sutileza que le caracteriza. El cuarto verso (quizá demasiado explícito) es sustituido por “con clara luz la tempestad serena” y el noveno por “servid a Dios en vuestra primavera / [con dulce...]“ tornando el “carpe diem” original mundano en otro algo más elevado.
Pero lo que realmente me sorprendió de esta pequeña incursión en la poesía del toledano, fue el descubrimiento de otro texto de la época “Las obras de Boscán y Garcilasso trasladadas en masterias christianas y religiosas” por Sebastián de Córdoba. Dejemos al propio autor que explique su excelso trabajo:
Vine a leer las obras de Juan Boscán y de Garcilasso de la Vega, que compusieron en versos y ritmos diferentes, las quales andan juntas en un volumen, y entendí que aunque son ingeniosas y de altíssimos conceptos en su modo, son tan profanas y amorosas que son dañosas y noscivas mayormente para los mancebos y mugeres sin esperiencia. Púseme a trasladarlas y convertirlas por los mismos ritmos y consonantes en sentencias más provechosas para el ánima.
[Fragmento de la dedicatoria del libro]
Puedo entender que el espíritu de Trento poseyera la pobre mente de este hombre, incluso que en un arrebato de misticismo quisiera poner en forma de rima unos preceptos morales que consideraba ciertos. Lo que me parece totalmente inaceptable es el aberrante, abusivo e impune destrozo que perpetra en los delicados versos de una de las mejoras plumas de la historia de la literatura española. Las siguientes líneas pueden herir la sensibilidad de algunos lectores, aún así, transcribo el maltrecho soneto XXIII después de haber pasado por la mano indigna del “contrafactor”.
En tanto que de rosa y azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y la fuerza y salud con todo el resto
qualquiera tempestad presto serena,
y en tanto que el juicio bien ordena
lo que conviene al buen vivir y honesto,
y el tiempo os favorece, que tan presto
suele tornar de estambre la cadena:
coged de penitencia, [a] la carrera,
el dulce fruto, porque el tiempo airado,
cubriendo con la nieve vuestra cumbre,
marchitará la rosa; y encorvado
la fuerza os dejará, la edad ligera
devil, y endurecida la costumbre.
Felicidades Sebastián… enhorabuena.