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17 11 2009

Nunca quise hablar de política en el blog. Uno de los principales motivos es que no me siento suficientemente capacitado. Mi desconocimiento sobre la mayoría de asuntos políticos candentes es casi total, en parte por propia voluntad y en parte por la malinformación a la que estamos sometidos. Otro de los motivos es que mi reducida experiencia me indica que las conversaciones sobre política son capaces de sacar lo peor de las personas.

He de reconocer que la teoría y la historia de la política sí me interesan, pero tampoco he tenido nunca tiempo para dedicarles (alguna obra de Hannah Arendt lleva infinidad de tiempo esperando en mi lista de libros por leer).

A pesar de ello, voy a permitirme la licencia de copiar los dos primeros párrafos de un panfleto (no sé si molestará a sus creadores que lo llame así) que repartían el otro día en la Facultad de Filosofía y Letras. Merece la pena aunque sólo sea como curiosidad literaria, pero también es significativo de la actividad intelectual de cierto sector de la sociedad (por reducido que sea).

“En los últimos años se ha producido una campaña histérica y venenosa de los grandes medios de comunicación internacionales, particularmente intensa en el Estado español, contra el presidente Hugo Chávez y la revolución venezolana.
Aunque Hugo Chávez haya ganado 15 procesos electorales por un amplio margen (entre elecciones presidenciales, revocatorios promovidos por la oposición de derechas y otros comiciones regionales o locales que han dado la victoria a la opción política representada por el presidente venezolano) y a pesar de que los propios organismos internacionales encargados de “vigilar” estas votaciones no han podido evitar tener que reconocer su total limpieza, los grandes medios siguen llamándole “golpista”, “dictador”, etc.”

Creo que no merece comentario alguno. En nuestras ciudades hay ciudadanos de este y otros países del continente americano, sólo hay que preguntar y que cada uno saque sus propias conclusiones.





Warning

10 11 2009

Hace un par de días tuve que quedarme trabajando en una de las salas de informática de la UMA (desventajas de no tener portátil). Cada usuario tiene un número limitado de sesiones semanales de una hora y media (creo que son 14 o 15) en las que puede utilizar cualquier máquina del servicio en cualquier lugar del campus.

Por primera vez desde que entró en funcionamiento este sistema de control, agoté el tiempo de una sesión. Poco antes de que se cumpliera la hora y media, apareció la siguiente advertencia, modelo lingüístico de expresión (el diseño tampoco se queda atrás) que todos los mensajes de este tipo deberían imitar:

warning

El que sólo tenga signos de exclamación de cierre ya le da cierto toque de banner irritante, de esos que te anuncian por internet que “chasques aceptable porque has ganado un premio cada hora” (como este). Pero lo que acaba de rematarlo es la última frase, “vaya acabando”. Voy a mandar un mail al servicio central de informática para que lo cambien por “anda, ves acabando” que yo creo que queda mejor todavía.





En tanto que de rosa y azucena

8 11 2009

Hace algunos días me sorprendí a mí mismo observando a una completa desconocida: una chica alta y esbelta, tenía un aspecto un tanto descuidado, pero en ella se intuía cierta elegancia. Aunque no era de una belleza llamativa sí me fijé en su largo cuello de pálida piel como el de una madonna del renacimiento. Por algún motivo, no pude evitar pensar en el conocido soneto de Garcilaso de la Vega que da título a esta entrada.

En tanto que de rosa y azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
enciende al corazón y lo refrena;

y en tanto que el cabello, que en la vena
del oro se escogió, con vuelo presto,
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena;

coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto, antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.

Marchitará la rosa el viento helado,
todo lo mudará la edad ligera,
por no hacer mudanza en su costumbre.

Al menos así lo puede leer cualquiera en edición del libro “Sonetos” disponible en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Sin embargo, mientras escuchaba la interpretación (de Música Ficta) de una de las villanescas espirituales compuestas por Francisco Guerrero en el siglo XVI que tiene por letra ese texto de Garcilaso me di cuenta de que había ligeros cambios. Investigando un poco, confirmé que es una variación un poco menos profana, probablemente introducida por el propio Guerrero, pero con la sutileza que le caracteriza. El cuarto verso (quizá demasiado explícito) es sustituido por “con clara luz la tempestad serena” y el noveno por “servid a Dios en vuestra primavera / [con dulce...]“ tornando el “carpe diem” original mundano en otro algo más elevado.

Pero lo que realmente me sorprendió de esta pequeña incursión en la poesía del toledano, fue el descubrimiento de otro texto de la época “Las obras de Boscán y Garcilasso trasladadas en masterias christianas y religiosas” por Sebastián de Córdoba. Dejemos al propio autor que explique su excelso trabajo:

Vine a leer las obras de Juan Boscán y de Garcilasso de la Vega, que compusieron en versos y ritmos diferentes, las quales andan juntas en un volumen, y entendí que aunque son ingeniosas y de altíssimos conceptos en su modo, son tan profanas y amorosas que son dañosas y noscivas mayormente para los mancebos y mugeres sin esperiencia. Púseme a trasladarlas y convertirlas por los mismos ritmos y consonantes en sentencias más provechosas para el ánima.

[Fragmento de la dedicatoria del libro]

Puedo entender que el espíritu de Trento poseyera la pobre mente de este hombre, incluso que en un arrebato de misticismo quisiera poner en forma de rima unos preceptos morales que consideraba ciertos. Lo que me parece totalmente inaceptable es el aberrante, abusivo e impune destrozo que perpetra en los delicados versos de una de las mejoras plumas de la historia de la literatura española. Las siguientes líneas pueden herir la sensibilidad de algunos lectores, aún así, transcribo el maltrecho soneto XXIII después de haber pasado por la mano indigna del “contrafactor”.

En tanto que de rosa y azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y la fuerza y salud con todo el resto
qualquiera tempestad presto serena,

y en tanto que el juicio bien ordena
lo que conviene al buen vivir y honesto,
y el tiempo os favorece, que tan presto
suele tornar de estambre la cadena:

coged de penitencia, [a] la carrera,
el dulce fruto, porque el tiempo airado,
cubriendo con la nieve vuestra cumbre,

marchitará la rosa; y encorvado
la fuerza os dejará, la edad ligera
devil, y endurecida la costumbre.

Felicidades Sebastián… enhorabuena.





La fuerza del pincel

31 10 2009

Entrar un sábado a las 17.30 a la National Gallery de Londres no es muy buena idea. Seleccionar un pequeño grupo de salas que visitar en la media hora restante hasta el cierre es una obligación. Pero al atravesar las habitaciones que conducen hasta las elegidas es inevitable sentir un dolor extraño, como al pasar de largo ante viejos amigos sin detenerte a saludarlos afectuosamente o al perder sin remedio la posibilidad de conocer a otros nuevos.

Esto pensaba al iniciar mi última visita cuando de repente sentí cierto desasosiego y nerviosismo y sin querer me precipité de una habitación a otra. Canaletto, retratos ingleses, Guido Reni y Caravaggio, Constable y Turner. Todo merecía más atención de la que podía y conseguía prestarle. Sin embargo, al acceder al espacio dedicado a Van Gogh y Cézanne un óleo atrajo mi mirada y, golpeando mis sentidos, detuvo al fin mi alocada carrera.

wheatfield

Hay una fuerza misteriosa en las pinceladas de apariencia brusca del maestro holandés, en su dramatismo sinuoso, en el marcado contraste entre lo definido y lo difuso. Hay algo mágico en el colorido dinamismo expresivo y en la forma sorprendente de crear texturas. Me fijé una vez más en la composición, en el tratamiento de cada uno de los elementos y lo asombrosa que resulta la diferencia entre el aspecto local de cada zona del cuadro y el resultado global.
Al autor también debió de gustarle este paisaje porque es copia de otra que él mismo había pintado un poco antes ese año y que se conserva en el Metropolitan de Nueva York.

Menos de un año después de plasmar este “Campo de trigo con cipreses” cercano a Saint-Rémy, Van Gogh se adentraba en otro no muy lejos de París que le resultaría mucho más letal: en él se pegaría el tiro que acabaría con su vida.
Y es que los genios también son hombres.





Porque Tú Vuelves

26 10 2009

El pasado jueves, como suele ocurrir hacia el final de cada semana, me detuve en una estación de servicio para repostar gasolina. Desde que se encendió el indicador luminoso de la reserva pasé por una Repsol y una BP (normalmente más barata), pero preferí no entretenerme y finalmente paré en una CEPSA de vuelta a casa. En caja me preguntaron si tenía tarjeta de puntos y como respondí negativamente, me dejaron un folleto informativo del programa de fidelización de la marca. Ya me había ocurrido otras veces, pero siempre he pensado que sería inútil rellenarlo. Esta vez me detuve a hacer las cuentas (debe ser que la crisis me ha vuelto miserable).

Veamos. Cada litro de carburante son 5 puntos descuento. También se acumulan puntos en las tiendas de las gasolineras (rara vez compro en ellas) y con las botellas de butano (pero en casa tenemos gas natural). En una semana normal, con los trayectos a la universidad, a las clases particulares y alguna salida al centro el fin de semana, suelo gastar unos 15 litros de 95. Eso supone 300 puntos al mes, 3600 al año. Leo en la siguiente página que al repostar en tu “estación de servicio habitual” (en la que entregas tus datos) se obtiene un 40% adicional de puntos. Ah, qué bien, eso transforma los 3600 anuales en 5040.

Perfecto. ¿Qué puedo hacer con los puntos? Extiendo el folleto buscando esta información y en la cara interna encuentro el siguiente cuadro:

porquetuvuelves

Uhm, si los matemáticos no han cambiado la definición de proporción en los últimos días, mis cálculos me dicen que el ahorro es de… 5.04€ al año. Ridículo. Especialmente teniendo en cuenta que esa cantidad implica que no voy a usar ninguna otra gasolinera sobre la faz de la tierra.

Después de todo, quizá lo rellene y emplee esos cinco euros en pagar una parte de lo que Unicaja me cobra por el mantenimiento de las tarjetas, pero eso lo dejo para otra ocasión.





Chicago en el Cambridge Theatre

21 10 2009

Una de las actividades “programadas” en el viaje a Londres del pasado puente era asistir a un musical. En realidad, lo que estaba programado era que en un determinado momento del sábado nos acercaríamos al puesto de “tkts” de Leicester Square e investigaríamos si ofertaban alguna entrada que mereciera la pena.

Después de preguntarnos por qué hay tantos locales de venta de entradas a precio reducido en torno a la plaza (sólo en Charing Cross Road hay varios) y preguntar en uno de ellos, retornamos a nuestra idea original y adquirimos en “tkts” cuatro localidades de primer piso (dress circle) que aunque separadas en dos parejas, se encontraban bastante centradas en segunda y tercera fila. El precio tampoco estuvo mal, 32£ en lugar de su precio habitual de unas 60. El musical, Chicago.

Chicago

La escenografía era bastante sencilla: un sólo decorado en forma de grada donde estaban los instrumentistas y el director, algunas partes móviles y poco atrezzo (un par de sillas, algunas armas). Los intérpretes buenos, aunque ninguno destacaba especialmente ni como actor ni como cantante (quizá el marido de Roxie y su “Mr. Cellophane”). A pesar de esto el resultado global es un musical muy entretenido. Las canciones, las coreografías, la forma de llevar a cabo las escenas, el director de orquesta saltarín…

Es inevitable comparar con la película de Rob Marshall que tuvo presupuesto de superproducción, una puesta en escena espectacular y un reparto de “superestrellas” (Catherine Zeta-Jones, Renée Zellweger, Richard Gere) y… también toda la postproducción que creyesen necesaria. Me gusta mucho esa cinta, pero la música y la interpretación en directo tienen una cercanía y una capacidad de emocionar muy distintas a las del cine.

Incluso aunque no sea técnicamente brillante, merece la pena, sin embargo, yo no podría haberme permitido las 60£ de la entrada. Tendré que esperar un premio de lotería si algún día quiero ver “El fantasma de la ópera” o “Los Miserables”…





Una encuesta

20 10 2009

Por motivos ajenos a mi voluntad, ayer me quedé con una hora en blanco entre las seis y las siete de la tarde. Como estaba en el centro, aproveché para dar una vuelta por las secciones de música y libros de El Corte Inglés. A la salida, una chica de enchaquetado uniforme me interceptó y cuando ya tenía preparada la respuesta estándar para los promotores de la tarjeta de compras (“lo siento, no tengo nómina”), me preguntó: “¿perdona, puedo hacerte una encuesta?”.

Mi opinión general es que este tipo de estudios no sirve para nada, que la mayoría de las empresas o instituciones que los realizan tienden a publicitar los datos que les favorecen frente a sus competidores o de cara a la sociedad y obvian las críticas. Año tras año me he preguntado a qué lugar olvidado y remoto irán a parar los resultados de la encuesta de evaluación del profesorado de la Universidad de Málaga…

Sin embargo, también pienso que si fuese yo el que ha encargado que se recopilen esos informes, me gustaría una respuesta clara y sincera que me permitiera mejorar mi trabajo. Por eso (y porque todavía quedaban algunos minutos de ese “tiempo muerto”) me dejé preguntar.

Nada excepcional. Valore del 1 al 5, valore del 1 al 10, sí o no… y alguna pregunta curiosa (¿cómo valoras los baños? ¿La ropa que llevas puesta es de El Corte Inglés?). Lo que más me gustó fue que pude expresar mi malestar relativo a un aspecto del trato al cliente. La empresa tiene fama de una atención esmerada e impoluta, pero cuando he ido acompañado de mis padres siempre me atienden mucho mejor que cuando voy solo, algo que me parece completamente injustificado.

¿Quién sabe? Quizá alguien en una oficina de Madrid lea las encuestas y decida utilizar los comentarios constructivamente antes de enviarlas al montón de papel para reciclar…





La chica que vivía atrapada en el medidor de maletas demasiado pequeño

15 10 2009

Acabo de volver de una escapada de puente a Londres. Hay varios temas sobre los que me gustaría escribir (tarde o temprano lo haré), pero no quería dejar pasar más tiempo antes de homenajear a la señorita que asistió el embarque del vuelo EasyJet Málaga – Gatwick con el que llegué a la capital del Reino Unido.

Con sólo acercarnos al mostrador ya disparó:

- ¡Uy, uy, uy! Lleváis más de un bulto. Sólo se puede pasar con un bulto y esas maletas son muy grandes, veremos a ver si caben. ¡Venga a probarlas!

Nosotros nos quedamos un poco sorprendidos de los modos, pero nos dispusimos a reorganizar el espacio para ver si los bolsos de las chicas nos encajaban en el equipaje y a comprobar nuestras maletas en la estructura metálica que se supone tiene las medidas máximas. La primera no entró.

- ¡Claro! Si es que se está viendo, es demasiado grande. Tienes que facturarla. ¡La siguiente!

La siguiente cumplía claramente las medidas, pero era demasiado gruesa.

- Esa puede pasar, ¡pero te las apañas como sea, la maleta tiene que caber! ¡Y además el bolso o lo metes dentro o tú verás lo que haces, pero sólo puedes pasar con un bulto!

Mi amiga pensó en voz alta “Bueno, intentaré meter todo en la maleta y luego cuando entre ya veré si puedo sacar algo”. Preocupada sobretodo por una réflex digital nueva que prefería llevar con ella por seguridad.

- ¡¡¡De eso nada!!! Al avión entras con un bulto nada más. ¡Te voy a estar vigilando, ¿eh?!

Me pareció el colmo, pero aún hubo más. Las dos últimas maletas tampoco entraban en el “medidor”. Aunque el volumen del “contenedor” no sobrepasaba los límites, la estructura de ruedas, apoyos y asas impedía que entrara por completo. Infeliz de mí, se me ocurrió sugerir:

- Voy a probar a meter primero un lado y luego el otro para que no se atasquen las ruedas.

- ¡No, no, no! ¡Si no cabe, no cabe! ¡Es que si haces eso entra cualquier cosa!

- Mujer, cualquier cosa, cualquier cosa… no. – se me ocurrió replicar, supongo que por la tensión del momento.

- ¡Uy! Es que tu no sabes la de gente que he visto yo, venga a empujar y a empujar. ¡Intentan meter cualquier cosa!

De acuerdo, al final pasamos por el aro. No queríamos problemas, nos íbamos de fin de semana. Queríamos pasarlo bien y supongo que siempre se tiene un poco de miedo de que te dejen en tierra.

Me parece lamentable que EasyJet quiera hacer caja con el equipaje de mano, pero al fin y al cabo, puedo entender que las normas son las normas y cuando compré los billetes, las acepté. Me quejaré por una vía oficial sirva de algo o no. Lo que me parece totalmente inadmisible es la chulería y la mala educación en el trato al cliente y como sé que en ese aspecto sólo me queda resignarme, sirva esta entrada de descargo.

Nota 1: a la vuelta, la mayoría de los pasajeros incumplían de un modo u otro las restricciones en el equipaje de mano, así que no les quedó más remedio que hacer la vista gorda. De nuestras maletas, sólo pidieron comprobar, la que en Málaga “claramente no cabía” y que una vez reorganizada era la única que entraba como un guante.

Nota 2: Londres es Londres y el mal rato que nos hizo pasar la encargada del embarque no me duró más de quince minutos. Como dije, me gustaría escribir pronto sobre puntos algo menos negativos…

Nota 3: Si algún compañero, jefe o subalterno de esta chica lee este post, tome como sugerencia dejar una barrita de All-Bran cada mañana en su mesa, taquilla o casillero.





Una vez más

1 10 2009

Desde que comencé a escribir el blog o, mejor dicho, desde que me mudé a wordpress, he publicado posts de temas variados. Reflexiones y anécdotas personales, alguna crítica (siempre un tanto neutra) y fragmentos de música, pintura, literatura… Siempre he intentado poner algo de mí mismo en lo que he escrito y de hecho creo que el blog muestra partes de mí que quizá no son obvias para todos los que me conocen.

Por otro lado, tengo que reconocer que más allá de esto, el blog no resulta muy interesante para nadie. Tiene pocas visitas, deduzco que casi todas casuales, casi ningún visitante comenta (ocasionalmente, algún amigo) y tampoco recibo correo alguno relacionado con él. El juicio de internet es así de duro.

No puedo decir que esté satisfecho del resultado, pero, tras varios meses sin escribir, he revisado un poco y lo que he encontrado no me ha parecido tan horrible como esperaba. Quizá sirva para que alguien me conozca mejor. Quizá algún día pueda leerlo y recordar a mi yo pasado de una manera diferente.

Por nada de esto, sino por ningún motivo en especial he decidido retomar el blog. Una vez más.





Viendo trenes pasar

22 04 2009

No me gustan demasiado las series de televisión que pretenden ser “reales como la vida misma”. Suelen tener cierto fondo moralizante disfrazado de naturalidad aplastante que me parece detestable.

En las últimas semanas, sin embargo, he visto un par de capítulos sueltos de la serie de Antena 3 que cerraba temporada el pasado domingo: “Doctor Mateo” y le reconozco cierto encanto. El paraje natural en que se desarrolla (una apuesta arriesgada para la producción) es algo que yo agradezco infinitamente, esas casitas abigarradas en calles empinadas, el mar y las verdes colinas…

También me agrada la interpretación directa y poco afectada de sus protagonistas, desde el papel serio, un poco envarado, pero ingenuo y quizá hasta idealista de Gonzalo de Castro, hasta la seductora candidez de María Esteve.

Por otro lado, la ficción que relata no es demasiado pretenciosa y me parece centrada más en los personajes individualmente que en una serie de conflictos sociales.

gare

En el último capítulo, Mateo reprochaba a su tía (de unos cincuenta y largos) el haberse liado con un tipo más joven, a lo que ésta respondía con cierta frescura, que mejor arriesgarse un poco, que vivir la vida como él, dejando los trenes pasar.

Me sentí identificado con el doctor, como si la crítica me la hiceran a mí. También yo soy de los que dejan los trenes pasar. A veces pienso que me llevarán a un lugar equivocado por un camino irreversible, otras, no tengo idea alguna de adónde conducen y mi propia cobardía me impide tomarlos. Incluso hay ocasiones en las que soy incapaz de ver que hay un tren esperando y sólo me doy cuenta cuando es ya demasiado tarde y hace mucho que partió.

Pero hace tiempo que tengo la sensación de estar melancólicamente sentado en un banco de la estación, observando al resto de los viajeros en su tránsito, como suben y bajan de los vagones, unas veces tristes y otras alegres, mientras yo espero y espero el anuncio de un tren que no sé si ha de venir.