Me parece increible, pero ha tenido que ser una columna de Juan Manuel de Prada la que desplace ligeramente mi opinión respecto al esperpento que supone la representación española en Eurovisión.
Mantengo una relación amor-odio con el de Prada columnista (al novelista no lo conozco). Por un lado me parece admirable que sustente en el panorama literario nacional con unas opiniones morales como las que suele exponer, por otro su estilo suele parecerme excesivamente rimbombante, barroquillo y empalagoso, pero sus defectos los encuentro también en mi mismo de una manera parecida (esto sería complicado de explicar, pero no estoy en absoluto comparando mi prosa con la suya).
Además intuyo por algún extraño motivo, que no debe ser ni la centésima parte de lo noño que a veces me parece.
Hasta esta mañana sentía una anodina repulsión hacia nuestro amigo Chikilicuatre. Me parecía vergonzoso que la gente apoyase algo tan sumamente dantesco para el “festival” europeo. También me solidarizaba con algunas críticas que observaban que unos pocos países todavía consideran Eurovisión como un posible trampolín musical para sus cantantes y burlarse de ellos de esta manera era una falta de respeto.
Aunque mi opinión no ha cambiado sustancialmente, el chantaje emocional ejercido por de Prada al mencionar a su hija y el modo simple y clarividente con que los niños ven el mundo ha hecho virar de alguna manera mi punto de vista.
Es cierto que la caspa televisiva nos inunda de tal manera que merecemos que se rían de nosotros mismos en nuestra cara. También es cierto que hay mucha música que asumimos como “digna” y que tiene miles de seguidores supuestamente serios en todo el mundo y no difiere del chiki-chiki en prácticamente nada. No veo problema en que nos “echemos unas risas” con esto.
Lo que verdaderamente me preocupa es que la sociedad es capaz de fagocitar toda esta basura y lo que es peor asimilarla hasta extremos insospechados. La capaz de discernimiento es tan reducida que, aunque nos reimos de Chikilicuatre, no somos capaces de reconocer esa autocrítica de la que habla de Prada.
Mi gusto por la estridencia es limitado: aunque nunca he puesto interés en él, prefería cuando Eurovisión era un programa con cancioncillas entretenidas y un resultado previsible.
De momento, he conseguido evitar la ridícula invasión “chikilicuatriana” y no he visto un sólo segundo de su actuación. No me juzguéis mal, no es por esnobismo, tarde o temprano tendré que enfrentarme a él y no opondré resistencia alguna. No, mi problema no es de paladar exquisito, sino de estómago sensible.
Jajaja! Pues sí, se ve que ha caído la misma revista en nuestras manos. Yo me limito a copiar y pegar lo que me parece curioso de cuanto leo porque no tengo tiempo de pararme a escribir una pequeña reflexión. Es lo que tienen las opos. Pero bueno, cuando esto pase creo que tendré más tiempo para dedicárselo, entre otras cosas, al blog. O quizás me lleve la corriente… No sé.
Dado mi conocido gusto por la estridencia precisamente (Camela como principal ejemplo) y el kitsch, he de decir que desde el principio me gustó la idea de que llevásemos el Chiki-chiki a Eurovisión, como si de un cóctel molotov se tratase. Y es que el estómago no hay que tenerlo para escuchar la “canción”, sino para aguantar ese show televisivo dantesco.
De todos modos, los españoles siempre vamos por detrás. Mi concursante favorito de todas las ediciones de Eurovisión fue este:
http://es.youtube.com/watch?v=nZJt6Gv4XPk
Ya hace 5 años este hombre hizo una propuesta destructiva y quedó en el 6º puesto. Nosotros no creo que quedemos tan bien porque Chikilicuatre es demasiado inocente y cateto como para causar la misma impresión.
Aun así, seguro que quedamos en mejor puesto que estos últimos años, me apuesto algo.
No hay que olvidar que eurovisión es un concurso politico donde las votaciones lo evidencia, por eso un poco de humor no viene nada mal. Total vamos a quedar en el mismo puesto participando en serio o en broma.
Si gana el Chikilicuatre (y creo que tiene posibilidades) el artículo de J.M. de Prada se verá confirmado. Espero abiertamente que gane.