Metafísica de Autobus

27 05 2008

Si Platón o Aristóteles hubiesen conocido el transporte público malagueño, se habrían dejado de liceos y academias y habrían utilizado los autobuses de la EMT como foro para impartir su conocimiento.

Ayer, mientras me encontraba atrapado en uno de esos inevitablemente largos recorridos de la linea 3 (las obras del metro no perdonan), fui testigo de una conversación entre dos chicas de entre 16 y 20 años (según deduje del propio diálogo) a las que llamaré Ana (por simplicidad) y Elena (porque, aunque no se parecía en nada, me recordaba a una compañera de la carrera).

Su discurso comenzó con un canto a la juventud: Elena comentaba el hecho de salir los fines de semana y enrrollarte con un tío distinto cada noche y parecía mostrarse aburrida de ello, mientras que Ana le respondía que era la única manera de conocer a gente, que “al fin y al cabo, la vida es eso, ser feliz con alguien que se adapte a tí” (que por más romántico que pueda yo ser, en la boca de esta adolescente, sonaba a reduccionismo de la existencia humana). Además, se planteaban los 20 como “otra etapa” en la que ya no era posible divertirse tanto.  “No es lo mismo tener 18 que 28″, comentaba Elena, “con 28 ya sólo puedes encontrar la gente que no ha querido divertirse antes y no ha podido encontrar a nadie con quien salir”.

¡Vaya! Entonces creo que ya me toca ir mirando por los contenedores de basura, quizá encuentre una cáscara de plátano que me acompañe y no ser un fracasado cuando llegue a la tan avanzada edad de 28 años.

La conversación tornó a otro de los interrogantes básicos: la muerte. Elena temía el momento de la muerte y sentía la necesidad de tener compañero cuando llegara porque “por muy amigo tuyo que sea alguien, no se va a quedar en tu habitación toda la noche…” (curioso y superficial concepto de la amistad, por cierto).

Esta vez Ana sostenía una postura existencialista y afirmaba que tras morir todo se acaba mientras que Elena era algo más animista “entonces, ¿tú no crees en el alma? Tampoco podemos estar seguros de que no vaya a ningún sitio, aunque yo siempre he creido más en células, reacciones y cosas así” (y entonces me enteré de que la química constituye una religión).

Tras algunos pensamientos iluminados más, la idea final de Elena era clara: “ir todas las veces que pueda a parques de atracciones, porque no sabes lo que te va a pasar”. Sí señora, Horacio no hubiese podido estar más de acuerdo: Carpe Diem. Tampoco yo disiento, pero creo que el proceso reflexivo que llevó a esa conclusión no podía ser más inmaduro.

Escuchar todo esto fue tan surrealista, que por un momento me sentí estúpido. Como si las chicas fuesen actrices y estuviesen represantando una escena especialmente escrita para burlarse de mi, para que me indignase un poco con la sociedad, y sobre todo para que escribiese esta entrada en mi blog…


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5 respuestas

27 05 2008
Alejandro Delgado

Una cosa es ser hedonista a la manera de Epicuro y otra es querer sólo el placer por haber llegado al nihilismo más absoluto, como es el caso de estas chicas y el 90% de la gente hoy en día.

Son futuras amas de casa resignadas. Futuras cajeras del Mercadona amargadas. Quieren follar lo más que puedan hasta los 28 porque saben que a partir de entonces sólo les queda casarse con alguien igual que ellas, tener hijos, trabajar y morirse. Claro, que siempre es mejor morir con él a tu lado. Los amigos habrán quedado atrás. Quedarán de vez en cuando con un par de antiguas compañeras de instituto para tomar un café y hablar de lo mal que les va. Ellas siempre creyeron en “células, reacciones y cosas así”, ellas siempre creyeron en lo material, en que a partir de los 20 lo único que acontece es la oxidación de los tejidos y la muerte celular. Comprarán cremas faciales.

Conocí a un chico que decía necesitar estar en época lectiva para ser feliz, porque cuando le daban las vacaciones no sabía qué hacer con su tiempo. La gente quiere estar el máximo tiempo posible en parques de atracciones, evadiéndose, cuando no se dan cuenta de que su día a día podría ser más excitante que la montaña rusa si supieran aprovechar la lección de Horacio.

28 05 2008
anaima

«[...] a las que llamaré Ana (por simplicidad) [...]» Perdona, ¿me estás llamando simple? Tendrías que haberlas llamado Vane y Jenny, sin duda.

Hace tiempo conocí a una muchacha más o menos de mi edad. En aquel momento tendría unos 21 ó 22 años, y estaba trabajando como limpiadora, o “camarera de piso”, como ella decía. Y estaba contentísima (o eso quería aparentar), y nos decía: “Sí, sí, camarera de piso, eso es lo que yo quiero ser, porque es el trabajo que más me gusta.” No quiero que nadie entienda que tengo algo contra esta profesión, tan respetable como otra cualquiera, pero que una chica de mi edad, con las posibilidades que hay hoy en día para estudiar y formarte, tenga como máxima meta dedicarse a limpiar me parece muy triste. ¿Ese es el trabajo que más te gusta? ¿Eso es lo que piensas que sabes hacer mejor? ¿Ese es el trabajo con el que vas a sentirte realizada, con toda la vida por delante como tienes? ¿No sientes curiosidad por ningún otro ámbito laboral de entre todos los que hay? ¡¡¿¿EEEH??!!

En fin, mu fuerte, Vane, tía, mu fuerte.

28 05 2008
lasombradelviajero

Jaja, justo cuando escribí esa frase me di cuenta del doble sentido que podía dársele, pero ni yo mismo me aclaraba sobre mi propia intención (conciente o subsconciente), así que la dejé.
Además, No había nada en su aspecto o modo de hablar especialmente estridente. Vane o Jenny, me hacen pensar en chicas con… “otra idiosincrasia”. Por eso no elegí ese tipo de nombre.
Tómese como una “licencia poética” :P

30 05 2008
Mota

Seguro que no era una camara oculta, porque lo que cuentas parece surealista,jeje.

31 05 2008
mensurabilis

XDDDDDD, mu bueno el post, pero asusta…
Me da un poco de miedo pensar que cada vez hay más personas con una visión similar a la de Ana y Elena, brrrr… es la nueva neofilosofía occidental ¿que le depara el futuro a la historia de la humanidad? Solo nuestro gran dios Miyazaki puede saberlo.

Jaja, acabas de crear un par de personajes que serán explotados en nuestros ácidos comentarios sobre la sociedad: “como dirían Ana y Elena”

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