Nunca me he considerado una persona con grandes habilidades sociales, sino más bien lo contrario: mis reacciones suelen ser lentas e inadecuadas y mi inteligencia emocional bastante limitada.
Hoy sentí la recurrente frustración de encontrar la réplica justa, la “palabra exacta” , varias horas después de que la conversación correspondiente tuviese lugar. No es la primera vez ni será la última, pero desagrada no tener esa “rapidez mental” que permite expresar lo que siento, poner a alguien en su sitio o, simplemente, decir lo que es necesario en el instante propicio.
No suele haber segundas oportunidades. Si no pronunciaste aquellas palabras cuando debías, has perdido casi con total seguridad la ocasión de hacerlo en ningún otro momento. Por eso me da tanta rabia que esos segundos cruciales me sorprendan siempre con cara de estúpido y que los escasos destellos de lucidez lleguen sistemáticamente tarde, siempre tarde.
Uhmm… No creas que el efecto opuesto es siempre agradable, créeme.
Me alegro de que hayas retomado el blog : )
Que nos gusta castigarnos,
P.D.: Visita mi blog que te va a resultar un coñazo XDDDDDD
Estuve leyendo varias cosas en tu blog y la verdad que me parecieron muy interesantes y además me siento dentificada con varias de estas. Este texto es uno con los que me siento identificada, no en su totalidad pero si en el hecho de no ser un humano con habilidades sociales muy buenas. En fin, si tenés tiempo ganas e interés pasate por mi blog.
Saludos.