Y también me gusta BMW, he de reconocer que su publicidad es una de las pocas que a veces tiene algún efecto positivo en mí. Pero no quería hablar de eso.
Esta tarde hice un recorrido bastante desagradable al volante. Bajaba del Puerto de la Torre cuando encontré un vehículo cambiando el sentido de la marcha en una especie de cruce triangular bastante comprometido. Más adelante un par de conductores creyeron tener alguna preferencia especial y se saltaron el semáforo de la incorporación a Lope de Vega desde Teatinos aprovechando el ritmo lento de los carriles de la avenida. Ritmo lento, provocado en parte porque la mayoría de los que desean salir a la autovía ocupan ambos carriles bloqueando el paso a los que pretendemos seguir hacia Carlos Haya (normalmente con tráfico fluido).
Más allá, entre la rotonda de Las Chapas y Eugenio Gross hay un estrechamiento del carril izquierdo por culpa de algún tipo de obra y la persona que circulaba a mi izquierda debía estar pensando en la antinomia filosófica de lo uno y lo múltiple porque ha dado un volantazo al entrar en esa zona que ha estado a punto de provocar un modelado postmoderno en el chasis de mi coche.
Ya en el centro, el curce de Carretería, Ollerías y Méndez Núñez era una especie de subasta en la que el más violento ganaba el paso sin importar lo más mínimo los colores de los semáforos. Por supuesto, no ha faltado cierta ración de peatones suicidas de esos que tienen alguna patología óptica desconocida que les hace ver bandas blancas pintadas en cualquier lugar del asfalto. Al menos la vuelta a casa fue algo más tranquila…
Me gustaría conducir de verdad, hacer un viaje arbitrariamente largo. Un viaje de ruta y destino inciertos. Un viaje que comenzaría, quizá, hacia el levante español: Valencia y Barcelona. No sería mala idea continuar hacia la costa azul, Montpellier, Marsella, Niza. Con pequeñas incursiones a lugares del interior que siempre deseé visitar como Carcasona o Avignon. Y con Mónaco dejar la costa atrás para internarme en los Alpes y bajar desde Turín hasta Venecia pasando por Milán, Verona y Padua. Y luego ese extraño rinconcito del Norte de Italia que es Trieste, puerta de esa Europa oriental tan desconocida para mí. Supongo que Zagreb y Budapest serían las siguientes paradas ¿sería atrevido adentrarse en Rumanía? No podría evitar llegar a Odesa, a orillas del Mar Negro, y seguir por antigua unión soviética hasta Kiev y finalmente Moscú y San Petersburgo.
Y la vuelta… ¡Hay tantas opciones! ¿Quién se apunta?
A mí personalmente no me gusta conducir; pero sí que me gustaría un viaje como el que cuentas (llevándome otro). Podemos hacer un trato… si no te importa conducir a través de toda Rusia, puedes recogerme en Vladivostok, Pekín o Shanghai (iba a decir Seúl, pero mejor evitarte cruzar Corea del Norte), y luego ya volvemos juntos a España
.
Ah, y como alternativa rápida, aún tengo en la cabeza cierto viaje a Rennes-le-Château. Me pregunto si habrá algún año en que sea realizable…
A mí también me gusta. Al viaje que propones me apuntaría, pero no sé, parece un poco irrealizable, ¿no? Pero hay uno que sí que me estaba planteando en serio para este verano: Burgos-León-Salamanca-Cáceres.
Y ahora pregunto yo. ¿Quién se apunta?
Esa es la definición de “un buen día”, jaja.
Bueno, a mi no me gusta conducir, pero me gusta viajar en coche.
Lo de anaima suena bien