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Fnac Wishlist
Me propone Fnac una oferta que no he podido rechazar. El nombre de la promoción es “We wishlist a Merry Xmas” y consiste en publicar en tu blog una “lista de deseos” de importe igual o inferior a 2012€. Entre todos los participantes sortean un cheque regalo. Creo que jamás he resultado ganador de ningún juego de azar y supongo que esta vez no será una excepción, pero me ha parecido una idea entretenida.
Sería muy fácil colocar un portátil de dos mil euros y listo, pero también un poco aburrido, así que vamos a dar algo de variedad a la lista estructurándola por rango de precios y comentando un poco cada artículo.
Entre 500 y 1000 €
Cámara Híbrida Sony Nex 5 – 699€: este tipo de cámaras son un segmento intermedio entre las compactas y las réflex. Tienen sensores CMOS de alta resolución (tamaño micro 4/3) y objetivos intercambiables en un cuerpo de tamaño reducido. Su ventaja es clara, fotos de calidad para un aficionado que se inicia en la fotografía y no quiere cargar con una réflex en sus viajes. Su desventaja también es clara, precio elevado (mayor que el segmento de iniciación de cámaras con espejo). He escogido este modelo de Sony que tiene un sensor de 14MP y un buen rango de sensibilidades ISO.
Tablet Sony S 16GB con 3G – 549€: el “gadget” de moda. Permite ejecutar aplicaciones de productividad, pero también juegos. Reproduce vídeos y música. Funciona como navegador GPS y también de internet. Un dispositivo completo si tienes clara su utilidad y sus limitaciones. Por lo que he podido ver en las tiendas, este modelo también de Sony (es casualidad) tiene una mejor respuesta que otros de la competencia, tiene un tamaño algo inferior y un peso cómodo de sujetar en las manos además de un diseño atractivo.
Entre 250 y 500€
Proyector LG HW300G – 499€: una gran pantalla en tu salón. Disfrutar de películas o videojuegos en una superficie de proyección de más de 50” de diagonal es un pequeño lujo. En mi vida personal la televisión como medio de comunicación tiene bastante poco que decir así que un proyector me parece mucho mejor inversión. Este modelo de LG pesa menos de un kilo, tiene resolución WXGA (en torno a 1366×768), una conexión USB host para reproducir medios sin necesidad de un ordenador y DLNA para conectar con otros dispositivos.
Entre 100 y 250€
Videoconsola Nintendo Wii – 149.95: un clásico que sigue dando guerra. En el ocaso de su ciclo de vida, esta videoconsola de nintendo me ha sorprendido gratamente las pocas veces que he podido disfrutar de ella. Un control original y juegos entretenidos para grupos (una gran baza en mi opinión) de los que pueden disfrutar pequeños y mayores. Como inconvenientes, su inferioridad técnica frente a sus competidoras y la que creo más importante el precio elevado de los mandos (el pack sólo incluye uno).
Menos de 100€
Juego de tablero Las Mansiones de la Locura – 79.95: ocio alternativo. En un mundo absorbido por el entretenimiento electrónico, vale la pena romper una lanza en favor de los juegos de mesa. Aunque pensé que estaban condenados a su desaparición, parece que en los últimos años están volviendo a la vida gracias al esfuerzo de algunas editoriales que (sobretodo en el extranjero, pero también en nuestro país) producen material de gran calidad. Las Mansiones de la Locura permite partidas complejas con unas reglas relativamente sencillas, se puede jugar muchas veces siempre que los jugadores estén dispuestos a poner algo de su parte (principalmente creatividad) y la ambientación es de lujo (la literatura de terror de principios del siglo XX de Lovecraft).
Novela La Juguetería Errante – 22.20€: algo al azar. Por supuesto que en Fnac hay cientos o miles de libros que me gustaría leer. Este es uno que me llamó la atención esta mañana, me gustó la ilustración de portada y el esbozo del argumento de la parte trasera.
Y hasta aquí mi lista de 12/2 regalos que debe sumar menos de 2012 euros y la que faltan 12 euros (y pico) para llegar a esa cantidad. El mes que viene os digo si he ganado.
Maybelline “NEW YOR”
Hace unos días, hacía algunas compras con mi novia en un hipermercado Carrefour (no uno cualquiera, no, ¡un Carrefour Planet!) y nos acercamos a la sección de cosmética. Mientras ella buscaba una máscara de pestañas (como la llaman las empresas del sector) o rímel (como la llama la Real Academia), yo curioseba los productos de alrededor. La etiqueta del “Borrador de Edad” de Maybelline llamó mi atención, no por el mágico resultado que promete, sino por un error que yo pensaba casi imposible en una multinacional:
El Skyline de bajo Manhattan, uno de los característicos arcos del puente de Brooklyn y… Maybelline “NEW YOR”. ¿Cuántos miles de etiquetas como esta habrá por el mundo? ¿A cuánta gente habrán despedido por este poco afortunado descuido?
Un nombre poco afortunado
Estaba yo leyendo las novedades de mi facebook, cuando, de repente, una palabra en un anuncio de la barra lateral llamó mi atención:
Mi primera reacción fue pensar que era un gancho para “capturar clicks”, incluso que podía tratarse de cualquier otro tipo de producto. Nada más lejos de la realidad, una rápida búsqueda en google me llevó a una web de cuidado diseño escaparate de esta bodega del norte de italia.
A veces ocurre que la palabra o asociación de palabras que forma el nombre de una marca o producto tiene una connotación clara en otro idioma. Supongo que eso obliga a la empresa productora a cambiar el nombre para tener alguna oportunidad en ese mercado. En este caso, sin embargo, no tengo claro que esta soez (y divertida, lo reconozco) coincidencia, perjudique a la familia Follador a la hora de vender sus vinos en nuestro país. Seguro que a muchos españoles les encantaría tener una de estas botellas en la vitrina de su salón…
Desaprender
Es una palabra de moda. En internet es frecuente encontrarla en el contexto de la psicología y la inteligencia emocional. En televisión hay una cuña publicitaria que también la utiliza. Incluso aparece (para sorpresa mía) en el diccionario de la RAE.
Tengo facilidad para cogerle manía a esas palabras que utilizan los iluminados profetas de la comunicación en nuestra sociedad para definir un concepto revolucionario que cambiará nuestras vidas por completo cuando en realidad cualquiera de nuestros abuelos podría habernos dicho algo parecido. Supongo que las palabras no tienen la culpa, pero es difícil de evitar.
Hace unos días, escribí un par de mensajes en el foro de una editorial y me di cuenta, un poco asustado, de que estaba desaprendiendo a escribir. Por eso voy a darme una nueva oportunidad (una más) en el blog.
Sed indulgentes conmigo.
Desorientado
Hace casi dos semanas que estoy en casa de nuevo. No se han acabado las experiencias o ideas que durante mi estancia en EEUU me han sugerido entradas para el blog. Tengo dos borradores a medio escribir y algunos más a medio pensar. Simplemente necesito algo de tiempo para volver a la “normalidad”. No, no es el jet-lag, creo que mi ritmo de sueño se adaptó al nuevo horario desde el primer día. Es sólo una ligera recolocación. Como cuando los jugadores de ajedrez dicen “compongo” para centrar en su escaque una pieza que no desean mover.
Quizá sea absurdo, pero tengo una ligera sensación de extrañeza. Como si el lugar que dejé no fuese el mismo al que he vuelto. Sin embargo, todo parece estar en el mismo sitio. Las mismas calles (las obras del metro no han avanzado demasiado), el mismo clima, la misma gente. Mi coche sigue sintonizando Radio Clásica en la tercera memoria y cambia a Onda-Cero si pulso la primera.
Me pregunto si no seré yo el que he cambiado, aunque sólo sea un poco…
Porque Tú Vuelves
El pasado jueves, como suele ocurrir hacia el final de cada semana, me detuve en una estación de servicio para repostar gasolina. Desde que se encendió el indicador luminoso de la reserva pasé por una Repsol y una BP (normalmente más barata), pero preferí no entretenerme y finalmente paré en una CEPSA de vuelta a casa. En caja me preguntaron si tenía tarjeta de puntos y como respondí negativamente, me dejaron un folleto informativo del programa de fidelización de la marca. Ya me había ocurrido otras veces, pero siempre he pensado que sería inútil rellenarlo. Esta vez me detuve a hacer las cuentas (debe ser que la crisis me ha vuelto miserable).
Veamos. Cada litro de carburante son 5 puntos descuento. También se acumulan puntos en las tiendas de las gasolineras (rara vez compro en ellas) y con las botellas de butano (pero en casa tenemos gas natural). En una semana normal, con los trayectos a la universidad, a las clases particulares y alguna salida al centro el fin de semana, suelo gastar unos 15 litros de 95. Eso supone 300 puntos al mes, 3600 al año. Leo en la siguiente página que al repostar en tu “estación de servicio habitual” (en la que entregas tus datos) se obtiene un 40% adicional de puntos. Ah, qué bien, eso transforma los 3600 anuales en 5040.
Perfecto. ¿Qué puedo hacer con los puntos? Extiendo el folleto buscando esta información y en la cara interna encuentro el siguiente cuadro:

Uhm, si los matemáticos no han cambiado la definición de proporción en los últimos días, mis cálculos me dicen que el ahorro es de… 5.04€ al año. Ridículo. Especialmente teniendo en cuenta que esa cantidad implica que no voy a usar ninguna otra gasolinera sobre la faz de la tierra.
Después de todo, quizá lo rellene y emplee esos cinco euros en pagar una parte de lo que Unicaja me cobra por el mantenimiento de las tarjetas, pero eso lo dejo para otra ocasión.
Una encuesta
Por motivos ajenos a mi voluntad, ayer me quedé con una hora en blanco entre las seis y las siete de la tarde. Como estaba en el centro, aproveché para dar una vuelta por las secciones de música y libros de El Corte Inglés. A la salida, una chica de enchaquetado uniforme me interceptó y cuando ya tenía preparada la respuesta estándar para los promotores de la tarjeta de compras (“lo siento, no tengo nómina”), me preguntó: “¿perdona, puedo hacerte una encuesta?”.
Mi opinión general es que este tipo de estudios no sirve para nada, que la mayoría de las empresas o instituciones que los realizan tienden a publicitar los datos que les favorecen frente a sus competidores o de cara a la sociedad y obvian las críticas. Año tras año me he preguntado a qué lugar olvidado y remoto irán a parar los resultados de la encuesta de evaluación del profesorado de la Universidad de Málaga…
Sin embargo, también pienso que si fuese yo el que ha encargado que se recopilen esos informes, me gustaría una respuesta clara y sincera que me permitiera mejorar mi trabajo. Por eso (y porque todavía quedaban algunos minutos de ese “tiempo muerto”) me dejé preguntar.
Nada excepcional. Valore del 1 al 5, valore del 1 al 10, sí o no… y alguna pregunta curiosa (¿cómo valoras los baños? ¿La ropa que llevas puesta es de El Corte Inglés?). Lo que más me gustó fue que pude expresar mi malestar relativo a un aspecto del trato al cliente. La empresa tiene fama de una atención esmerada e impoluta, pero cuando he ido acompañado de mis padres siempre me atienden mucho mejor que cuando voy solo, algo que me parece completamente injustificado.
¿Quién sabe? Quizá alguien en una oficina de Madrid lea las encuestas y decida utilizar los comentarios constructivamente antes de enviarlas al montón de papel para reciclar…
Una vez más
Desde que comencé a escribir el blog o, mejor dicho, desde que me mudé a wordpress, he publicado posts de temas variados. Reflexiones y anécdotas personales, alguna crítica (siempre un tanto neutra) y fragmentos de música, pintura, literatura… Siempre he intentado poner algo de mí mismo en lo que he escrito y de hecho creo que el blog muestra partes de mí que quizá no son obvias para todos los que me conocen.
Por otro lado, tengo que reconocer que más allá de esto, el blog no resulta muy interesante para nadie. Tiene pocas visitas, deduzco que casi todas casuales, casi ningún visitante comenta (ocasionalmente, algún amigo) y tampoco recibo correo alguno relacionado con él. El juicio de internet es así de duro.
No puedo decir que esté satisfecho del resultado, pero, tras varios meses sin escribir, he revisado un poco y lo que he encontrado no me ha parecido tan horrible como esperaba. Quizá sirva para que alguien me conozca mejor. Quizá algún día pueda leerlo y recordar a mi yo pasado de una manera diferente.
Por nada de esto, sino por ningún motivo en especial he decidido retomar el blog. Una vez más.
Me gusta conducir
Y también me gusta BMW, he de reconocer que su publicidad es una de las pocas que a veces tiene algún efecto positivo en mí. Pero no quería hablar de eso.
Esta tarde hice un recorrido bastante desagradable al volante. Bajaba del Puerto de la Torre cuando encontré un vehículo cambiando el sentido de la marcha en una especie de cruce triangular bastante comprometido. Más adelante un par de conductores creyeron tener alguna preferencia especial y se saltaron el semáforo de la incorporación a Lope de Vega desde Teatinos aprovechando el ritmo lento de los carriles de la avenida. Ritmo lento, provocado en parte porque la mayoría de los que desean salir a la autovía ocupan ambos carriles bloqueando el paso a los que pretendemos seguir hacia Carlos Haya (normalmente con tráfico fluido).
Más allá, entre la rotonda de Las Chapas y Eugenio Gross hay un estrechamiento del carril izquierdo por culpa de algún tipo de obra y la persona que circulaba a mi izquierda debía estar pensando en la antinomia filosófica de lo uno y lo múltiple porque ha dado un volantazo al entrar en esa zona que ha estado a punto de provocar un modelado postmoderno en el chasis de mi coche.
Ya en el centro, el curce de Carretería, Ollerías y Méndez Núñez era una especie de subasta en la que el más violento ganaba el paso sin importar lo más mínimo los colores de los semáforos. Por supuesto, no ha faltado cierta ración de peatones suicidas de esos que tienen alguna patología óptica desconocida que les hace ver bandas blancas pintadas en cualquier lugar del asfalto. Al menos la vuelta a casa fue algo más tranquila…
Me gustaría conducir de verdad, hacer un viaje arbitrariamente largo. Un viaje de ruta y destino inciertos. Un viaje que comenzaría, quizá, hacia el levante español: Valencia y Barcelona. No sería mala idea continuar hacia la costa azul, Montpellier, Marsella, Niza. Con pequeñas incursiones a lugares del interior que siempre deseé visitar como Carcasona o Avignon. Y con Mónaco dejar la costa atrás para internarme en los Alpes y bajar desde Turín hasta Venecia pasando por Milán, Verona y Padua. Y luego ese extraño rinconcito del Norte de Italia que es Trieste, puerta de esa Europa oriental tan desconocida para mí. Supongo que Zagreb y Budapest serían las siguientes paradas ¿sería atrevido adentrarse en Rumanía? No podría evitar llegar a Odesa, a orillas del Mar Negro, y seguir por antigua unión soviética hasta Kiev y finalmente Moscú y San Petersburgo.
Y la vuelta… ¡Hay tantas opciones! ¿Quién se apunta?
Ho paura di…
Fueron las palabras que escribió mi profesora de italiano en google durante una clase de la semana pasada para mostrarnos algunos ejemplos de la expresión. Supongo que insistió para mostrarnos que no existe la estructura con la preposición “a”. El resultado fue sorprendente.

Para ser un poco más riguroso, he buscado también “ho paura de” porque la preposición “di” es articulada y sufre cambios morfológicos según el género y el número del artículo que siga (y aún se escapan algunos casos).

No me extrañó que el miedo más frecuente es el miedo a morir (“di morire” y “della morte”), pero sí que el miedo a uno mismo sea casí tan mencionado como el anterior y no muy por debajo en número de resultados está el miedo a amar… Siguen el miedo al futuro (también dentro de lo esperado) y el miedo a hacer el amor, otra sorpresa. Detrás van el miedo a la oscuridad (un clásico) y el miedo a la vida, supongo que es una combinación del miedo a uno mismo, el miedo al futuro y quizá el miedo a la muerte. Me llaman también la atención el miedo a las mujeres y el miedo a enloquecer (no pude evitar pensar en algunos personajes de Poe y Lovecraft).
Tras hacer algunos comentarios, la profesora pidió que dijésemos (en italiano, claro) algo de lo que tuviésemos miedo y yo respondí casi de inmediato: “Ho paura di perdere i miei amici”. Movió la cabeza aprobando mi respuesta y tras unos instantes (supongo que se fijó primero en que la estructura fuese correcta y luego asimiló el significado de lo que había dicho) me preguntó: “Ma perchè hai paura di perdere i tuoi amici?”. Yo me encogí de hombros pensativo y respondí: “no lo sé, es lo primero que se me ha venido a la cabeza”.
