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Silencio

Mil veces callo que romper deseo
el cielo a gritos, y otras tantas tiento
dar a mi lengua voz y movimiento,
que en silencio mortal yacer la veo.


Anda cual velocísimo correo,
por dentro el alma, el suelto pensamiento
con alto y de dolor lloroso acento,
casi en sombra de muerte un nuevo Orfeo.


No halla la memoria o la esperanza
rastro de imagen dulce y deleitable
con que la voluntad viva segura.


Cuanto en mí hallo es maldición que alcanza,
muerte que tarda, llanto inconsolable,
desdén del cielo, error de la ventura.

Francisco de Aldana

En tanto que de rosa y azucena

Hace algunos días me sorprendí a mí mismo observando a una completa desconocida: una chica alta y esbelta, tenía un aspecto un tanto descuidado, pero en ella se intuía cierta elegancia. Aunque no era de una belleza llamativa sí me fijé en su largo cuello de pálida piel como el de una madonna del renacimiento. Por algún motivo, no pude evitar pensar en el conocido soneto de Garcilaso de la Vega que da título a esta entrada.

En tanto que de rosa y azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
enciende al corazón y lo refrena;

y en tanto que el cabello, que en la vena
del oro se escogió, con vuelo presto,
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena;

coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto, antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.

Marchitará la rosa el viento helado,
todo lo mudará la edad ligera,
por no hacer mudanza en su costumbre.

Al menos así lo puede leer cualquiera en edición del libro “Sonetos” disponible en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Sin embargo, mientras escuchaba la interpretación (de Música Ficta) de una de las villanescas espirituales compuestas por Francisco Guerrero en el siglo XVI que tiene por letra ese texto de Garcilaso me di cuenta de que había ligeros cambios. Investigando un poco, confirmé que es una variación un poco menos profana, probablemente introducida por el propio Guerrero, pero con la sutileza que le caracteriza. El cuarto verso (quizá demasiado explícito) es sustituido por “con clara luz la tempestad serena” y el noveno por “servid a Dios en vuestra primavera / [con dulce...]“ tornando el “carpe diem” original mundano en otro algo más elevado.

Pero lo que realmente me sorprendió de esta pequeña incursión en la poesía del toledano, fue el descubrimiento de otro texto de la época “Las obras de Boscán y Garcilasso trasladadas en masterias christianas y religiosas” por Sebastián de Córdoba. Dejemos al propio autor que explique su excelso trabajo:

Vine a leer las obras de Juan Boscán y de Garcilasso de la Vega, que compusieron en versos y ritmos diferentes, las quales andan juntas en un volumen, y entendí que aunque son ingeniosas y de altíssimos conceptos en su modo, son tan profanas y amorosas que son dañosas y noscivas mayormente para los mancebos y mugeres sin esperiencia. Púseme a trasladarlas y convertirlas por los mismos ritmos y consonantes en sentencias más provechosas para el ánima.

[Fragmento de la dedicatoria del libro]

Puedo entender que el espíritu de Trento poseyera la pobre mente de este hombre, incluso que en un arrebato de misticismo quisiera poner en forma de rima unos preceptos morales que consideraba ciertos. Lo que me parece totalmente inaceptable es el aberrante, abusivo e impune destrozo que perpetra en los delicados versos de una de las mejoras plumas de la historia de la literatura española. Las siguientes líneas pueden herir la sensibilidad de algunos lectores, aún así, transcribo el maltrecho soneto XXIII después de haber pasado por la mano indigna del “contrafactor”.

En tanto que de rosa y azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y la fuerza y salud con todo el resto
qualquiera tempestad presto serena,

y en tanto que el juicio bien ordena
lo que conviene al buen vivir y honesto,
y el tiempo os favorece, que tan presto
suele tornar de estambre la cadena:

coged de penitencia, [a] la carrera,
el dulce fruto, porque el tiempo airado,
cubriendo con la nieve vuestra cumbre,

marchitará la rosa; y encorvado
la fuerza os dejará, la edad ligera
devil, y endurecida la costumbre.

Felicidades Sebastián… enhorabuena.

El Árbol de la Ciencia

Acabo de terminar de leer esta novela de Pío Baroja. Me ha dejado un sabor amargo, entiendo que pretendido. Es profundamente existencialista y de un pesimismo vital abrumador. En ella se retrata con crudeza la sociedad española de finales del XIX: las familias, los barrios, los entornos laborales, la vida urbana y también la rural; se habla de mezquindad y egoísmo, de miserias y pobrezas, tanto materiales como humanas.

Al conocer que es en gran parte autobiográfica no he podido evitar sentir cierta pena por el autor. No quiero que se me malinterprete, no es una compasión de esas que miran con aires de superioridad, es tristeza real por alguien que parece buscar la verdad con la intención de forjarse una actitud ante la vida y sólo encuentra ese terrible determinismo: “la naturaleza hace al esclavo y le da espíritu de esclavo”. También me duele el hastío que destila desde el comienzo, esa predisposición a la amargura y a la renuncia, esa especie de prejuicio hacia la consecución no digo ya de la felicidad sino casi de cualquier pequeño destello de alegría.

Mi manera de pensar y de enfocar la vida no se parecen mucho a las del ficticio Andrés Hurtado, pero sí he de reconocer que suelo filtrar la realidad con cierto pesimismo pragmático y me aterra pensar que quizá algún día pueda dejarme llevar hacia ese abismo de decepción en el que  todo está ya perdido de antemano y para siempre.

Laocoonte

laoconte

 

-”Timeo danao et dona ferentes”-

Paraliteratura

Escribo esta entrada un poco provocado por esta otra del blog Odio Infinito puesto que yo soy la “secunda pars” de esa conversación que inspiró originalmente el tema.

Precisamente esta tarde, mientras leía “Mouse or Rat? Translation as Negociation” (versión escrita de unas conferencias sobre traducción impartidas por Umberto Eco) encontré unos párrafos relacionados con esto:

“Usually we appreciate books like the ones by Dumas by saying that they are works of para-literature. One can admit that Souvestre and Allain were not great writers while recognising – as happened to the Surrealists – that characters like Fantomas display a sort of mythological force.

Certainly para-literature exists, and usually we use the term to describe a lot of ‘serial’ stuff, dime-novels or other kinds of books that have the one, explicit purpose of entertaining their readers, without paying attention to problems of style or of original invention. (They are successful just insofar as they are repetitive, and shamelessly respect the narrative schemes their readers expect and ask for). Para-literature is respectable in its own right as much as chewing gum, which has its own functions, even in terms of dental care, but never shows up in the menus of the nouvelle cuisine. [...]

[Le comte de Monte-Cristo is] Unbearably redundant, it shamelessly repeats the same adjetives line after line, gets bogged down with syntactically indefensible sentences, stumbles over the consecutio temporum, is unable to avoid sentences twenty lines long; Duma’s characters endlessly turn pale as a ghost,  break into cold sweats, falter in a voice that is no longer human, and tell everybody what they have already told everybody a few pages before. It is enough to calculate how many times, in the first three chapters, Edmond tells the whole world that he is happy and wants to marry, to decide that fourteen years of prison are not enough to punish such a display of logorrhoea.”

Y ahora retomo las preguntas lanzadas por Maitexu en su blog:

¿Está la realización de un escritor/cineasta/músico ligada a las ventas o beneficios de su producto?

La respuesta es: por supuesto. Pero no su realización como escritor/cineasta/músico, sino su realización como vendedor o, en todo caso, su realización como productor de esa suerte de “pseudo-arte” que Umberto Eco nombra con el prefijo “para-”. Una producción que puede tener cierta función, como un chicle, pero que no pasa de chuchería y no es otra cosa que la repetición hasta la saciedad de unos esquemas que el público espera encontrar y reconocer, dentro de los cuales se siente cómodo y, quizá, inteligente.

Por otro lado, la realización profesional (que no puedo desligar de la personal) no es consecuencia inmediata del éxito. Estoy seguro de que hay miles de profesionales cuyo trabajo es reconocido mundialmente y que sienten ese extraño vacío vital del sinsentido. Además el propósito de un escritor puede ser simplemente ganar dinero (no mostrar al mundo su creación), de hecho, a Dumas le pagaban por línea lo que me parece una aberración para cualquier trabajo literario.

Un último comentario respecto a esta primera cuestión y es que vender libros no es sinónimo de ser leído. El marketing editorial se ha hecho un hueco considerable en la actual sociedad del consumo y un libro que esté la semana antes del 25 de diciembre en expositores exclusivos de todas las librerías de El Corte Inglés en España será con gran probabilidad un éxito de ventas. Con gran acierto han acuñado los anglosajones el término “best-seller” y no “more-read”.

¿Hasta qué punto y con qué criterios decidimos que una película/libro/disco son o no de buena calidad?

Esta pregunta es infinitamente más peliaguda que la anterior. Nos acercamos al controvertido mundo de la definición del arte y la crítica artística. Sin embargo, no me parece necesario adentrarme en él, puesto que si hay otro tipo de literatura, cuya finalidad es la diversión y el entretenimiento creo que ya ha quedado “desterrada” al ámbito de la paraliteratura.

Yo tampoco voy a hablar de Dan Brown, porque sólo he leido el infausto “El Código Da Vinci” y antes de que se hiciese famoso por lo que no le presté mucha atención (aunque recuerdo que llama falo a la Torre Eiffel y compara Las Tullerías con Central Park). En cualquier caso, si incluimos “El Conde de Montecristo” en la paraliteratura, la obra de Dan Brown debe incitarnos a crear una nueva (e inferior) categoría, puesto que no sólo incurre en todos los defectos de la de Dumas, sino que carece de cualquier tipo de fuerza ya sea mítica o narrativa.

Comentario: El niño con el pijama de rayas

Al fin pude leer esta pequeña novela de John Boyne (¡gracias Eva!). Ciertamente la publicidad y la crítica la han encumbrado a un lugar que no creo que merezca. Además, el “flooding” publicitario que hemos sufrido en los últimos meses acaba produciendo cierto rechazo.

Sin embargo, he intentado aislar el propio relato de esas otras actuaciones que pueden estar más relacionadas con la producción de la película y le he dado otra oportunidad.

El niño con el pijama de rayas no es una novela presuntuosa. Tampoco tiene exageradas pretensiones históricas o sociales. Es cierto que narrativamente tiene una estructura un tanto extraña (quizá el planteamiento es demasiado largo y el nudo prácticamente inexistente) y que el estilo peca un poco de falsa originalidad (es repetitivo y simplista hasta un punto que roza lo absurdo), pero el resultado global es entretenido de leer, puede ser entendido por público de cualquier edad y contiene un mensaje sencillo que se adapta de alguna manera al conocimiento previo del lector.

No es un “must read” de la historia de la literatura universal, pero tampoco la insulta como hacen otros “best-seller”.

Fragmento: El niño con el pijama de rayas

- ¿Tú sabes qué quieres ser cuando seas mayor? -preguntó.

- Sí – contestó Shmuel -. Quiero trabajar en un zoo.

- ¿En un zoo?

- Me gustan los animales -dijo Shmuel en voz baja.

- Yo seré soldado -dijo Bruno con decisión -. Como Padre.

- A mi no me gustaría ser soldado.

 

El niño con el pijama de rayas – John Boyne

Comentario: El Curioso Incidente del Perro a Medianoche

En el último par de meses he oido hablar repetidas veces del libro “El niño con el pijama de rayas” supongo que debido al estreno de la película homónima. Sin embargo, como fracasé varias veces en mi intento de hacerme con el libro, decidí sustituirlo por este otro cuyo protagonista es también un niño y que había leido con anterioridad, pero me apetecía refrescar.

“El curioso incidente del perro a medianoche” toma como punto de partida la muerte de un perro vecino. Este hecho motiva a Cristopher, un adolescente con algún tipo de autismo (no tengo mucha idea de esta clase de síndromes), para escribir una novela.

El autor utiliza este punto de vista para exponer la problemática familiar y personal de esta situación, pero también para hacer un examen crítico de muchos convencionalismos y tabúes sociales de los que el protagonista se encuentra (aparentemente) libre debido a su peculiar planteamiento de las cosas.

Sin embargo, no acaba de gustarme el enfoque que se hace de determinados temas y me parece demasiado insistente en otros. Le veo alguna incoherencia de intención y tampoco me gusta cómo está resuelto el desenlace.

Reconozco el mérito de poner en tela de juicio de una forma original esos tópicos sociales que antes comentaba (algo que mucha gente no es capaz de hacer por sí misma), pero también se deja en el camino importantes consideraciones sobre esos comportamientos o situaciones. En el fragmento que publiqué hace unos días, por ejemplo, parece calificar de absurda la complejidad de la expresión facial humana y el abuso que se hace de las metáforas (en ocasiones sin ser consciente de ello), pero parece olvidar la importancia de la comunicación no verbal y el juego que el doble sentido (que no tiene necesariamente doble intención) proporciona al lenguaje hablado.

Diría que para leer este libro, debes estar dispuesto a admitir cierta crítica personal, pero también ser capaz de juzgar la crítica que propone.

Fragmento: El Curioso Incidente del Perro a Medianoche

La gente me provoca confusión.

Eso me pasa por dos razones principales.

La primera razón principal es que la gente habla mucho sin utilizar ninguna palabra. Siobhan dice que si uno arquea una ceja puede querer decir montones de cosas distintas. Puede significar “quiero tener relaciones sexuales contigo” y también puede querer decir “creo que lo que acabas de decir es una estupidez”.

Siobhan también dice que si cierras la boca y expeles aire con fuerza por la nariz puede significar que estás relajado, o que estás aburrido, o que estás enfadado, y todo depende de cuánto aire te salga por la nariz y con qué rapidez y de qué forma tenga tu boca cuando lo hagas y de cómo estés sentado y de lo que hayas dicho justo antes y de cientos de otras cosas que son demasiado complicadas para entenderlas en sólo unos segundos.

La segunda razón principal es que la gente con frecuencia utiliza metáforas.

 

El Curioso Incidente del Perro a Medianoche – Mark Haddon

Una reflexión en palabras ajenas

No siempre fiero el mar zahonda al barco,
ni acosa el galgo a la medrosa liebre,
ni sin que ella afloje o él se quiebre,
la cuerda siempre trae violento al arco.

   Lo que es rastrojos hoy, ayer fue charco,
frío dos horas antes lo que es fiebre;
tal vez al yugo el buey, tal al pesebre,
y no siempre severo está Aristarco.

   Todo es mudanza, y de mudanza vive
cuanto en la mar aumento de la Luna,
y en la Tierra, del Sol, vida recibe.

   Y sólo yo, sin que haya brisa alguna
con que del gozo al dulce puerto arribe,
prosigo el llanto que empecé en la cuna.

Francisco de Medrano

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