Me gusta conducir

18 03 2009

Y también me gusta BMW, he de reconocer que su publicidad es una de las pocas que a veces tiene algún efecto positivo en mí. Pero no quería hablar de eso.

Esta tarde hice un recorrido bastante desagradable al volante. Bajaba del Puerto de la Torre cuando encontré un vehículo cambiando el sentido de la marcha en una especie de cruce triangular bastante comprometido. Más adelante un par de conductores creyeron tener alguna preferencia especial y se saltaron el semáforo de la incorporación a Lope de Vega desde Teatinos aprovechando el ritmo lento de los carriles de la avenida. Ritmo lento, provocado en parte porque la mayoría de los que desean salir a la autovía ocupan ambos carriles bloqueando el paso a los que pretendemos seguir hacia Carlos Haya (normalmente con tráfico fluido).

Más allá, entre la rotonda de Las Chapas y Eugenio Gross hay un estrechamiento del carril izquierdo por culpa de algún tipo de obra y la persona que circulaba a mi izquierda debía estar pensando en la antinomia filosófica de lo uno y lo múltiple porque ha dado un volantazo al entrar en esa zona que ha estado a punto de provocar un modelado postmoderno en el chasis de mi coche.

Ya en el centro, el curce de Carretería, Ollerías y Méndez Núñez era una especie de subasta en la que el más violento ganaba el paso sin importar lo más mínimo los colores de los semáforos. Por supuesto, no ha faltado cierta ración de peatones suicidas de esos que tienen alguna patología óptica desconocida que les hace ver bandas blancas pintadas en cualquier lugar del asfalto. Al menos la vuelta a casa fue algo más tranquila…

Me gustaría conducir de verdad, hacer un viaje arbitrariamente largo. Un viaje de ruta y destino inciertos. Un viaje que comenzaría, quizá, hacia el levante español: Valencia y Barcelona.  No sería mala idea continuar hacia la costa azul, Montpellier, Marsella, Niza. Con pequeñas incursiones a lugares del interior que siempre deseé visitar como Carcasona o Avignon.  Y con Mónaco dejar la costa atrás para internarme en los Alpes y bajar desde Turín hasta Venecia pasando por Milán, Verona y Padua. Y luego ese extraño rinconcito del Norte de Italia que es Trieste, puerta de esa Europa oriental tan desconocida para mí. Supongo que Zagreb y Budapest serían las siguientes paradas ¿sería atrevido adentrarse en Rumanía?  No podría evitar llegar a Odesa, a orillas del Mar Negro, y seguir por antigua unión soviética hasta Kiev y finalmente Moscú y San Petersburgo.

Y la vuelta… ¡Hay tantas opciones! ¿Quién se apunta?





Ho paura di…

16 03 2009

Fueron las palabras que escribió mi profesora de italiano en google durante una clase de la semana pasada para mostrarnos algunos ejemplos de la expresión. Supongo que insistió para mostrarnos que no existe la estructura con la preposición “a”. El resultado fue sorprendente.

paura

Para ser un poco más riguroso, he buscado también “ho paura de” porque la preposición “di” es articulada y sufre cambios morfológicos según el género y el número del artículo que siga (y aún se escapan algunos casos).

paura21

No me extrañó que el miedo más frecuente es el miedo a morir (“di morire” y “della morte”), pero sí que el miedo a uno mismo sea casí tan mencionado como el anterior y no muy por debajo en número de resultados está el miedo a amar… Siguen el miedo al futuro (también dentro de lo esperado) y el miedo a hacer el amor, otra sorpresa. Detrás van el miedo a la oscuridad (un clásico) y el miedo a la vida, supongo que es una combinación del miedo a uno mismo, el miedo al futuro y quizá el miedo a la muerte. Me llaman también la atención el miedo a las mujeres y el miedo a enloquecer (no pude evitar pensar en algunos personajes de Poe y Lovecraft).

Tras hacer algunos comentarios, la profesora pidió que dijésemos (en italiano, claro) algo de lo que tuviésemos miedo y yo respondí casi de inmediato: “Ho paura di perdere i miei amici”. Movió la cabeza aprobando mi respuesta y tras unos instantes (supongo que se fijó primero en que la estructura fuese correcta y luego asimiló el significado de lo que había dicho) me preguntó: “Ma perchè hai paura di perdere i tuoi amici?”. Yo me encogí de hombros pensativo y respondí: “no lo sé, es lo primero que se me ha venido a la cabeza”.





EpC

11 03 2009

En los dos últimos días he comenzado a entender un poco a esas mentes preclaras de la pedagogía responsables de la asignatura denominada  ”Educación para la Ciudadanía”. 

Ayer me encontraba en mi recorrido habitual de los lunes entre las 19.30 y las 20.00 cuando, mientras caminaba por la Avenida de la Aurora se me acerca una mujer de mediana edad y me interpela diciendo: ¡¡oiga, oiga!! El tono no era fuerte, pero sí autoritario como el que imagino que Catalina la Grande, zarina de todas las Rusias, hubiese empleado con un criado de palacio. “¿Dónde está la parada del autobus?” Continuó, dejándome aún más perplejo. “Me refiero a la estación de autobuses”. Entonces le expliqué cómo llegar y sé marchó asintiendo con la cabeza, pero sin dar las gracias de una manera explícita. Curioso incidente, pero tampoco le di más importancia.

Esta mañana se ha repetido una historia parecida con un hombre joven con acento sudamericano que me ha asaltado frente a mi casa con un “hola. ¿La parada del quince?”. Al menos éste sí dio las gracias cuando le indiqué.

Y es que los que hemos estudiado con otras leyes de educación. No hemos tenido la gran suerte de contar con nadie que nos enseñe a disculparnos, pedir las cosas por favor y dar las gracias…. ¿O sí?





Siempre tarde

10 03 2009

Nunca me he considerado una persona con grandes habilidades sociales, sino más bien lo contrario: mis reacciones suelen ser lentas e inadecuadas y mi inteligencia emocional bastante limitada.

Hoy sentí la recurrente frustración de encontrar la réplica justa, la “palabra exacta” , varias horas después de que la conversación correspondiente tuviese lugar. No es la primera vez ni será la última, pero desagrada no tener esa “rapidez mental” que permite expresar lo que siento, poner a alguien en su sitio o, simplemente, decir lo que es necesario en el instante propicio.

No suele haber segundas oportunidades. Si no pronunciaste aquellas palabras cuando debías, has perdido casi con total seguridad la ocasión de hacerlo en ningún otro momento. Por eso me da tanta rabia que esos segundos cruciales me sorprendan siempre con cara de estúpido y que los escasos destellos de lucidez lleguen sistemáticamente tarde, siempre tarde.





Talitha, qum!

24 02 2009

… que significa: “niña, a ti te hablo, levántate”.

Son las palabras que Jesús dirigió a la hija de Jairo para devolverla a la vida. Yo no tengo tal poder (mi fe debe ser decenas de órdenes de magnitud menor que la de un grano de mostaza), pero tampoco tengo tal pretensión.

De momento sólo me gustaría retomar el blog, insuflarle un poco de mi escaso aliento y compartir con quien quiera leerlo alguna idea fragmentaria y seguro que un tanto absurda de las que pasan por mi cabeza.





Desconocidos Habituales

7 12 2008

Un post de Maite en odioinfinito me ha recordado esta canción de Pasión Vega, no es de las mejores, pero el tema me llega bastante y siempre es agradable escuchar su voz.





Nubes de humo

25 11 2008

humo

Como persona alérgica con largas temporadas de rinitis permanente agradecí la ley antitabaco. No puedo estar seguro de si es justa o no, pero beneficia enormemente a mi garganta y mis fosas nasales.

 

Sin embargo hay un efecto colateral de esta norma que me desagrada sumamente y es el hecho de verme obligado a atravesar densas masas de gas tóxico al entrar a casi cualquier edificio público. La prohibición de fumar en el interior provoca que constantemente haya gente fumando en los accesos y concentra todos los residuos del tabaco (humo, colillas) en esas zonas.

Otra situación que me sorprende es que los estancos parecen no verse afectados por la ley y la gente fuma libremente en su interior. De nuevo, no puedo evitar tragar humo cada vez que necesito recargar la tarjeta para el autobús.

Me pregunto si son realidades circunstanciales que el gobierno espera solucionar en un futuro, si piensa que desaparecerán progresivamente sin ninguna medida específica o si, simplemente, no las preveía.





Laocoonte

20 11 2008

laoconte

 

-”Timeo danao et dona ferentes”-





La Paradoja de Teseo y las Llaves del Coche

10 11 2008

No sé donde leí hace un tiempo esta paradója ontológica. El enunciado es relativamente sencillo: Los atenienses conservaron por muchos años el barco en el que Teseo había regresado de Creta. Cada vez que alguna parte del barco se estropeaba, era retirada y reemplazada por una nueva. Al cabo de un tiempo, los filósofos griegos comenzaron a preguntarse hasta qué punto podían afirmar que aquel barco era el de Teseo. ¿Y si alguien hubiese guardado las piezas deterioradas y se construyese un barco nuevo que las incluya? ¿Cuál de los dos sería el barco de Teseo?

barcogriego

Esta paradoja forma parte de uno de los grandes temas de la filosofía presocrática, la antinomia entre el ser y el no ser, lo uno y lo múltiple, la permanencia y el cambio. Aunque los debates más candentes en la historia de la filosofía han ido cambiando a lo largo de los siglos y los más de dos mil años transcurridos desde entonces nos hagan pensar que ciertos discursos han sido superados con la evolución del pensamiento, vale la pena no perder de vista estas preguntas fundamentales cuyas respuestas quizá no tengamos tan claras como creemos. Tampoco debemos olvidar que la mayoría de los planteamientos imperantes son producto de la filosofía occidental y que otras culturas pueden aportar un enfoque interesante y en ocasiones desconcertante a problemas que tenemos fuertemente categorizados.

Recordé este antiguo problema del barco de Teseo hace unos días mientras jugueteaba con las llaves del coche que compartimos mi hermana y yo. Hasta hace unos meses, cada uno tenía su juego de llaves y se “encargaba” de él (de cuidarlo, de no perderlo, etc.), sin embargo, últimamente nos cambiamos con frecuencia el coche en marcha, por ejemplo, ella vuelve de trabajar, me recoje en la universidad, la acerco a su casa y vuelvo a la mía. En ese proceso, el coche permanece arrancado continuamente y, para no pararlo y volverlo a arrancar de nuevo, yo le doy “mis” llaves y me quedo con las “suyas” (que están en el contacto). Paradójicamente, tras varios de estos intercambios, el uso del determinante posesivo ha dejado de tener de sentido, porque ya no sé (supongo que ella tampoco) cuál era el juego de llaves de cada uno. La esencia de “mis llaves” ha desaparecido o, mejor dicho, mis llaves ya no corresponden a un objeto físico concreto sino al juego que en ese momento tenga en mi poder.

Es curioso como la filosofía llega a nuestras vidas y nos toca de una manera aparentemente tan trivial…





Paraliteratura

3 11 2008

Escribo esta entrada un poco provocado por esta otra del blog Odio Infinito puesto que yo soy la “secunda pars” de esa conversación que inspiró originalmente el tema.

Precisamente esta tarde, mientras leía “Mouse or Rat? Translation as Negociation” (versión escrita de unas conferencias sobre traducción impartidas por Umberto Eco) encontré unos párrafos relacionados con esto:

“Usually we appreciate books like the ones by Dumas by saying that they are works of para-literature. One can admit that Souvestre and Allain were not great writers while recognising – as happened to the Surrealists – that characters like Fantomas display a sort of mythological force.

Certainly para-literature exists, and usually we use the term to describe a lot of ’serial’ stuff, dime-novels or other kinds of books that have the one, explicit purpose of entertaining their readers, without paying attention to problems of style or of original invention. (They are successful just insofar as they are repetitive, and shamelessly respect the narrative schemes their readers expect and ask for). Para-literature is respectable in its own right as much as chewing gum, which has its own functions, even in terms of dental care, but never shows up in the menus of the nouvelle cuisine. [...]

[Le comte de Monte-Cristo is] Unbearably redundant, it shamelessly repeats the same adjetives line after line, gets bogged down with syntactically indefensible sentences, stumbles over the consecutio temporum, is unable to avoid sentences twenty lines long; Duma’s characters endlessly turn pale as a ghost,  break into cold sweats, falter in a voice that is no longer human, and tell everybody what they have already told everybody a few pages before. It is enough to calculate how many times, in the first three chapters, Edmond tells the whole world that he is happy and wants to marry, to decide that fourteen years of prison are not enough to punish such a display of logorrhoea.”

Y ahora retomo las preguntas lanzadas por Maitexu en su blog:

¿Está la realización de un escritor/cineasta/músico ligada a las ventas o beneficios de su producto?

La respuesta es: por supuesto. Pero no su realización como escritor/cineasta/músico, sino su realización como vendedor o, en todo caso, su realización como productor de esa suerte de “pseudo-arte” que Umberto Eco nombra con el prefijo “para-”. Una producción que puede tener cierta función, como un chicle, pero que no pasa de chuchería y no es otra cosa que la repetición hasta la saciedad de unos esquemas que el público espera encontrar y reconocer, dentro de los cuales se siente cómodo y, quizá, inteligente.

Por otro lado, la realización profesional (que no puedo desligar de la personal) no es consecuencia inmediata del éxito. Estoy seguro de que hay miles de profesionales cuyo trabajo es reconocido mundialmente y que sienten ese extraño vacío vital del sinsentido. Además el propósito de un escritor puede ser simplemente ganar dinero (no mostrar al mundo su creación), de hecho, a Dumas le pagaban por línea lo que me parece una aberración para cualquier trabajo literario.

Un último comentario respecto a esta primera cuestión y es que vender libros no es sinónimo de ser leído. El marketing editorial se ha hecho un hueco considerable en la actual sociedad del consumo y un libro que esté la semana antes del 25 de diciembre en expositores exclusivos de todas las librerías de El Corte Inglés en España será con gran probabilidad un éxito de ventas. Con gran acierto han acuñado los anglosajones el término “best-seller” y no “more-read”.

¿Hasta qué punto y con qué criterios decidimos que una película/libro/disco son o no de buena calidad?

Esta pregunta es infinitamente más peliaguda que la anterior. Nos acercamos al controvertido mundo de la definición del arte y la crítica artística. Sin embargo, no me parece necesario adentrarme en él, puesto que si hay otro tipo de literatura, cuya finalidad es la diversión y el entretenimiento creo que ya ha quedado “desterrada” al ámbito de la paraliteratura.

Yo tampoco voy a hablar de Dan Brown, porque sólo he leido el infausto “El Código Da Vinci” y antes de que se hiciese famoso por lo que no le presté mucha atención (aunque recuerdo que llama falo a la Torre Eiffel y compara Las Tullerías con Central Park). En cualquier caso, si incluimos “El Conde de Montecristo” en la paraliteratura, la obra de Dan Brown debe incitarnos a crear una nueva (e inferior) categoría, puesto que no sólo incurre en todos los defectos de la de Dumas, sino que carece de cualquier tipo de fuerza ya sea mítica o narrativa.