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Age of Empires III: La era de los descubrimientos

La serie Age of Empires está íntimamente ligada al éxito y popularización de los videojuegos de estrategia en tiempo real, aunque, en mi opinión, ninguno de sus títulos merecen ser recordados por su calidad. El primero de ellos estaba protagonizado por civilizaciones antiguas, el segundo se ambientaba en la Edad Media y el tercero en la conquista del nuevo mundo. Es este último el que toma como excusa temática (diría que el parecido entre ambos juegos es puramente estético) Glenn Drover para el diseño del juego de tablero que da título a esta entrada, publicado en España por Edge Entertainment.

El sistema de juego es relativamente sencillo, aunque requiere alguna partida de “afianzamiento”. Cada jugador (entre 2 y 5) recibe un número de “colonos” (representados por miniaturas de plástico) por turno que puede asignar a distintas tareas (enviarlos a colonias, organizar expediciones para descubrir nuevos territorios, obtener mercancías, entrenarlos como “especialistas”…) colocándolos en el área correspondiente del tablero. Los especialistas (también miniaturas) permiten obtener ventajas especiales según su profesión: mercaderes, capitanes, soldados o misioneros.

Además, cada jugador recibe ingresos de diversas fuentes (comercio o conquistas, por ejemplo) con los que adquirir nuevos avances tecnológicos (que pueden proporcionar ingresos adicionales, aumentar el número de miniaturas recibidas por turno u ortorgar alguna habilidad especial) o financiar batallas coloniales. En contra de lo que pudiera parecer AoE no es un juego clásico de conquista tipo Risk (en realidad se parecen bastante poco) y la guerra es una herramienta más que los jugadores pueden utilizar para conseguir sus objetivos (y en mi todavía corta experiencia de juego no es ni mucho menos la más importante).

Hablando de objetivos, este es un juego de victoria por puntos. Cada partida se desarrolla a lo largo de ocho turnos divididos en tres eras, al final de cada era, los jugadores con mejores posiciones en ultramar logran puntos de victoria. Al concluir la última era y la partida, los jugadores añaden puntos adicionales por descubrimientos, por dominio de recursos comerciales y aquellos que indiquen los avances conseguidos durante la partida, el jugador con una suma mayor gana. Así, cada jugador debe desarrollar su propia estrategia de obtención de puntos y adaptarla a la de sus oponentes.

Algo curioso de AoE es que es un juego sin dados. El azar está incorporado a ciertos mecanismos del juego de una forma limitada que puede resultar más o menos importante para la estrategia de algún jugador, pero no tiene la capacidad de desequilibrar la partida. Ya, ya sé que el ajedrez tampoco tiene dados y que en la actualidad es posible encontrar una buena cantidad de juegos sin dados, pero para los que no estamos en el “mundillo” y hasta hace poco nos movíamos del trivial al monopoly no deja de resultar llamativo.

Lo que me gusta de Age of Empires:

  • Mecánica de juego con distintas posibilidades que da variedad a las partidas.
  • Aprendizaje sencillo en una partida de muestra (aunque un poco confuso a partir del manual).
  • Temática vistosa que aporta cierta profundidad.
  • Partidas de duración limitada (el juego siempre acaba al final del octavo turno).
  • Multitud de componentes (miniaturas de cinco “profesiones”, galeones, monedas, fichas).
  • Puede resultar divertido para cualquier tipo de público.

Lo que no me gusta de Age of Empires:

  • El manual resulta un tanto confuso en una primera aproximación. No supone un problema con un poco de atención y una relectura, pero se puede mejorar.
  • Requiere una inversión algo elevada (64,95 €) incluso considerando el número y calidad (media) de componentes. A pesar de ello considero que puede amortizarse en un año con un coste por partida y jugador bastante razonable.

 

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Ciudadelas

Siempre me han gustado los juegos de mesa. Pienso que constituyen una forma de ocio que fomenta la imaginación y desarrolla habilidades sociales y mentales. Además, permiten relacionarse con otras personas de un modo bastante más extenso e intenso que otras actividades mucho más generalizadas como encerrarse en un local oscuro donde el espacio vital escasea y alcanzar un estado se semienajenación, dejándose llevar por ciertos movimientos espasmódicos al ritmo de producciones musicales de dudosa calidad.

El caso es que durante 2011 y debido a una conjunción de sucesos que mi memoria no me permite reconstruir, me interesé especialmente por esta actividad lúdica. Lo que si diría es que el desencadenante claro fue la compra de “Ciudadelas” un juego de cartas de la editorial Edge Entertainment, una de las pocas que se dedican a traducir y producir este tipo de material en nuestro país. Había pasado mi cumpleaños y hacía  meses que no me autorregalaba nada, de modo que decidí gastar un vale de fnac y algo de dinero en la adquisición de ese juego del que había oído hablar varias veces. En poco más de seis meses puedo decir que es una de las inversiones en ocio más amortizadas de mi vida.

 

El juego tiene una ambientación medieval-renacentista (un tanto fantástica) y el objetivo de cada jugador (entre 2 y 8) es bastante simple: “construir” una ciudad de un tamaño acordado al principio de la partida. Para ello tiene una “mano inicial” de distritos (cartas del juego que representan edificios y su coste) y cada turno puede decidir entre robar un nuevo distrito de un mazo central o cobrar dinero de la banca. Además, si tiene monedas disponibles, puede construir un distrito. El mayor aliciente del juego está en que, en cada ronda, cada jugador elige secretamente un personaje de un conjunto de ocho. Estos personajes tienen habilidades especiales que les permiten obtener ciertas ventajas para ese turno concreto, por ejemplo, el mercader cobra una moneda adicional, el mago puede intercambiar su “mano” con la de otro, el condotiero puede pagar para destruir un distrito… Al final de la partida, gana el jugador que tenga una ciudad de mayor “valor acumulado”.

Sólo pretendía dar una pincelada del juego, las reglas están detalladas en un libreto breve y concreto. Además, la tercera edición incluye un nuevo grupo de ocho personajes que se pueden combinar con los anteriores para dar mayor variedad al juego.

Lo que me gusta de Ciudadelas:

  • Aprender a jugar es sencillo leyendo el manual, muy sencillo si te lo explican.
  • La edad recomendada es a partir de 10 años, a partir de ahí cualquier puede pasarlo bien con el juego.
  • No es un “juego sólo para frikis”, tiene una temática que puede atraer a cualquiera, no tiene reglas complejas que sólo un “ultrafan” aprendería…
  • Las partidas tienen una duración limitada (quizá entre 60 y 90 minutos).
  • Las ilustraciones, especialmente las de los distritos.

Lo que no me gusta de Ciudadelas:

  • Aunque los componentes me parecen de buena calidad, la impresión de las cartas de personaje (que son las que más se manipulan) sufre bastante con el uso.
  • El precio (19.95€) es ligeramente caro para ser una caja con unas decenas cartas y algunas monedas de plástico, aunque en el mercado hay muchos otros juegos más caros de calidad muy inferior y como dije, en mi caso el “precio por partida” ha resultado difícilmente mejorable.