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Separación de poderes

La actualidad de las últimas semanas me ha llevado a curiosear sobre el  Tribunal Supremo, la más alta instancia  judicial en nuestro país (con la salvedad, según casos, del Constitucional). Los jueces de este tribunal son nombrados por el Rey (puro formalismo, supongo) a propuesta del Consejo General del Poder Judicial, que es, según la Constitución, el órgano de gobierno del Poder Judicial. El CGPJ es a su vez elegido por las Cortes (Congreso y Senado).

Sé que la manera en que se “implementa” la separación de poderes en una democracia no es trivial y que el actual sistema pretende garantizar que es el pueblo a través de sus representantes quien elige los tres poderes. Pero no negaréis que hay algo extraño en esta historia: el Parlamento elige al Poder Ejecutivo (hasta el punto de que con frecuencia en el entendimiento  colectivo se confunden el gobierno y el partido mayoritario en Cortes) y también establece la composición de las más altas instancias del Poder Judicial… ¿cómo es posible entonces la independencia de los tres poderes?

Creo que un “éxito” de la política contemporánea es que la mayoría de los electores se centren en las disputas entre partidos políticos (especialmente mayoritarios) y no nos planteemos cuestiones más profundas sobre la forma en que nuestro Estado está construido.

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Un poco de filosofía

Eso es lo que le hace falta a la política. No, no me refiero a debatir la antinomia de lo uno y lo múltiple o el problema del ser y el no-ser. Lo que quiero decir es que la política necesita ser sincera, mirar atrás y replantearse seriamente el sentido de su existencia.

Hablaba de la ley electoral y había prometido dar mi opinión al respecto. No sé si sorprenderé a alguien diciendo que no voy a hacer una defensa acérrima de ninguna modificación concreta de dicha ley porque la realidad es que no tengo una opinión completamente formada. Necesito que se plantee un diálogo serio, apartado de discursos demagógicos en el que los partidos mayoritarios, los minoritarios, profesionales del estudio de la política y otros sectores de la sociedad expongan claramente sus ideas acerca de aquello que consideran mejor y más justo. Entonces y sólo entonces podremos comenzar a decidir. De momento, comparto algunas reflexiones que ya he dejado entrever en mis anteriores entradas.

En primer lugar entiendo que las “micro-circunscripciones” posibilitan que sensibilidades políticas regionales estén representadas en el parlamento. ¿Es realmente necesario? Si existe un modelo de autonomías que otorga independencia a las regiones en determinadas políticas en el que además, las comunidades con mayor “tradición de autogobierno” poseen una libertad de gestión mayor, ¿por qué necesitamos además en las Cortes Generales, donde se gobierna para todos, representantes de esa independencia? ¿No es redudante? ¿Acaso no nos fiamos de que el estado garantice la autonomía regional concedida? ¿O es que determinadas regiones siempre quieren más?

No me considero especialmente nacionalista español. Ni siquiera me gusta la combinación de colores de nuestra bandera. No creo que en España seamos mejores que otras naciones y no me siento especialmente orgulloso de ser español (igual me sentiría si fuese finlandés o croata). Sin embargo, me parece que hay una especie de “persecución” al sentimiento de unidad nacional que socialmente se identifica inexorablemente con el fascismo y el franquismo. Mi punto de vista es mucho más simple y pragmático: si vivimos juntos, en el mismo país, bajo el mismo gobierno, compartiendo una buena cantidad de factores históricos y geopolíticos, ¿por qué no intentamos ponernos de acuerdo para hacer entre todos lo mejor que podamos?

Yo no quiero que mis representantes en el Parlamento y el Senado hagan nada que perjudique a otras provincias o regiones. Si en Palencia (por ejemplo) hay una inquietud cultural única, que sólo se encuentra en esa provincia, debe ser atendida por su administración local, no puede pretender que el conjunto de la nación se vuelva para atenderla. Cuando un territorio forma parte de un país, debe entender además que hay un conjunto de necesidades y recursos limitados para resolverlas. Tenemos que aceptar entonces que quizá una petición concreta tenga que esperar porque hay más gente con problemas. No se puede beneficiar sistemáticamente a una región en detrimento de otras.

Creo que en nuestro país es clave la falta de solidaridad, los ciudadanos de algunas regiones se sienten por encima de los de otras (y los políticos que eligen así lo atestiguan). Estamos poco dispuestos a ayudarnos. Cuando miramos la realidad, ponemos nuestros intereses en primer plano y eso nos impide ver lo que ocurre a nuestro alrededor. Los individuos, las empresas, las instituciones… Todos estamos tan preocupados de nostros mismos, que hemos perdido la capacidad de darnos cuenta de que quizá las soluciones no estén tan lejos, pero debemos levantar la cabeza para encontrarlas.

El Problema de las Circunscripciones

Ayer por la tarde, escuché de nuevo en la radio culpar a la regla D’Hont de la paradoja aparente entre el número de votos de formaciones como UPyD y el número de escaños que consiguen en el congreso con respecto a otras como CiU o AMAIUR. Como ya dije ayer, esa afirmación es esencialmente falsa. En la tabla de la anterior entrada, mostraba cómo D’Hont puede favorecer a los partidos mayoritarios a costa de los muy pequeños, sin embargo, es difícil que D’Hont discrimine a los partidos minoritarios unos con respecto a otros. ¿Qué ocurre entonces en nuestro sistema electoral para obtener resultados tan paradójicos como los que siguen?

Sólo las cuatro primeras líneas bastarían para provocar extrañeza. ¿Por qué CiU tiene 16 diputados y UPyD  5 si el primer partido tiene 120.000 votos menos? ¿Y la coalición abertxale con dos escaños más que la misma UPyD y ni siquiera la tercera parte de su apoyo?

El motivo es bastante sencillo aunque es probable que muchos votantes españoles lo desconozcan. En nuestro país no elegimos a nuestros representantes a nivel nacional sino provincial. Cada circunscripción-provincia elige un número de parlamentarios con respecto a su población con un mínimo de dos (salvo las ciudades autónomas que sólo cuentan con uno). Esto favorece claramente los “localismos”, puesto que un partido muy fuerte en una provincia, pero débil en el conjunto de la nación tiene muchas posibilidades de estar representado en el congreso. Es el caso de los partidos de los partidos nacionalistas catalanes y vascos. Con IU o UPyD sucede a la inversa, tienen un amplio apoyo minoritario en todo el territorio, pero no son lo suficientemente fuertes como para obtener escaño casi en ninguna provincia.

Por poner un ejemplo claro: PP y PSOE tienen en Soria un escaño cada uno y poco más de 28.000 y 16.000 votos respectivamente. UPyD tiene en Málaga 40.315 votos y ningún escaño porque Málaga es una provincia con mucha población y es necesario mucho apoyo para conseguir representación. He puesto este ejemplo con poco o ningún tinte nacionalista intencionadamente, pero no me extrañaría si los votantes malagueños de UPyD se sintieran menospreciados.

Además y no menos importante la ley electoral establece un mínimo de votos del 3% para participar en el reparto de escaños (que en este caso sigue la regla D’Hont, pero tendría unas consecuencias similares con otros sistemas). Es decir, si un partido de alcance nacional obtuviese el 2.5% de todos los sufragios de cada provincia, tendría ese mismo porcentaje en el recuento nacional y ninguna representación (porque queda descartado de la asignación en cada provincia). GBAI en cambio, con sólo un 0.17% (casi quince veces menos) ha obtenido un parlamentario en estas generales porque en su provincia (Navarra) le ha bastado un 12.84%.

No quiero que se me malinterprete. Sé perfectamente que es fácil criticar un sistema en funcionamiento y encontrar  paradojas aparentes explorando las estadísticas. Proponer un sistema que mejore el actual y no tenga otros inconvenientes de la misma magnitud tampoco es inmediato. Pero esta entrada es ya demasiado larga, así que mi opinión personal la reservo para la siguiente.

Aritmética y Democracia

Estos días de resaca electoral, es frecuente encontrar estas dos palabras a no muchas otras de distancia aunque no tengo muy claro que sea apropiado incluir los repartos electorales en esta rama de las matemáticas.

Normalmente las críticas se centran en el sistema D’Hont (será porque su nombre resulta extraño), que especifica cómo se asignan los diputados en cada demarcación. Podéis ver una aproximación sencilla en este apartado de la web del Ministerio del Interior. En determinados casos numéricos, D’Hont puede favorecer ligeramente a los partidos mayoritarios, no sé con qué intención se diseñó este algoritmo, pero no entiendo eso como un fallo, sino como un objetivo, es decir, este sistema de reparto prioriza a los más partidos con más apoyo. Otra cosa bien distinta, es que consideremos justa o deseable esa prioridad. Como ejemplo, he elaborado una tabla con los datos de Málaga y Sevilla, curiosamente no hay demasiado problema con los decimales de los porcentajes (un problema a solventar con el reparto proporcional).

Se observa cómo D’Hont favorece al partido más votado en cada provincia sin perjudicar a ninguno de los otros que obtienen representación y ahí está la clave. El escaño “extra” que obtienen PP y PSOE en Málaga y Sevilla es a costa de los votos de ciudadanos que no están representados en absoluto en las Cortes. Pero ese problema no es exclusivo de D’Hont, por ejemplo, la cuarta fuerza más votada es UPyD con en torno al 5.5% en ambas provincias, poco más de medio escaño en una regla proporcional. ¿Les corresponde a ellos el último escaño completo? ¿Y sí los partidos minoritarios escogieran a una persona independiente para que los representara en el Congreso? ¿Existen las personas políticamente independientes? ¿Es factible ese acuerdo entre tantos? ¿Es posible representar simultáneamente a Falange Española y al Partido Antitaurino?

Sólo quería mostrar que muchos de estos problemas no tienen una solución trivial y que la regla D’Hont no es la única con inconvenientes. En realidad, las mayores paradojas de nuestro sistema electoral no proceden de la asignación de escaños sino de la elección por demarcaciones… de la que hablaré en la siguiente entrada.

11 – 11 – 11

Una fecha curiosa que capta nuestra atención por un motivo numérico y que tiene su hueco incluso en los periódicos (que necesitan urgentemente relleno para sus páginas). Además, esta “magia” ha sido aprovechada por las mentes preclaras de la publicidad para sus campañas:

La ONCE realiza un sorteo especial. Reconozco que me he sentido tentado, pero tengo tan poco dinero y tantas cosas que pagar que nunca he encontrado los cinco euros necesarios para invertir en este juego de azar.

Sale a la venta Skyrim, la quinta entrega de la saga de videojuegos The Elder Scrolls. Dicen que es una obra maestra, me gustaría comprobarlo. No sé si es que me estoy haciendo viejo, pero me parece que las empresas que desarrollan software de entretenimiento han perdido casi todo el interés por la calidad. Aun así, tengo cierta confianza en Bethesda.

Se inaugura el primer tramo del metro de Málaga… Ah, no, perdón. Esto es lo que habían prometido a principios de año y confirmado de nuevo en torno a junio. Supongo que pedirle a un político que cumpla un plazo es demasiado. Dicen que poner en marcha sólo una parte de la infraestructura es demasiado costoso con un tono con el que parecen intentar convencerte de que tenerla parada es gratis. Retraso hasta febrero de 2013.