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Cuando el spam se hace realidad…

Después de tantas cadenas sobre la desaparición de Messenger (especialmente si uno no cumplía las “amenazas”), esta mañana he encontrado sorprendido la noticia de su cancelación real (detalles oficiales, pero en inglés aquí). Parece que Microsoft va a unir el servicio al de Skype (que adquirió hace algún tiempo), aunque los usuarios no se verán afectados más que en el cambio del interfaz, claro.

Hace algún tiempo que dejé de usar Messenger, pero he de reconocer que durante una década que empezó allá por el año 99 lo usé intensivamente. He tenido conversaciones de todo tipo a través de sus ventanas vibrantes (¿quién inventaría ese avisador de pesadilla?), algunas tendré guardadas por ahí: me he reído mucho (pero mucho) y alguna vez también he llorado, he hecho planes grandes y pequeños, he tenido alguna pelea… Supongo (aunque quizá sea una presunción) que pertenezco a la primera generación que vivió durante su adolescencia esta nueva manera de comunicarse a través de la red. Aunque todo se queda pequeño, con el modo en que los quinceañeros de hoy (y los que no lo son tanto) viven pegados a sus smartphones, Facebook, Twitter, Tuenti, whatsapp… La verdad es que no tengo ninguna ligadura emocional con Messenger, aun así, sirva esta entrada de despedida.

Lo que más miedo me da de toda esta historia es que el spam empiece a hacerse realidad. ¿Y si mañana conozco a la niña enferma a la que hacen un donativo cada vez que se reenvía un correo? ¿O si la luna se verá la semana que viene del tamaño de Marte? O mejor aún, ¿recibiré una llamada telefónica de la viuda de un millonario centro-africano que necesita mi ayuda para salir del país y está dispuesta a cederme la fortuna de su difunto esposo? Estaré atento por si acaso…

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